Por Arturo Barrera M -Ex subsecretario de Agricultura.
En las últimas semanas se ha planteado la necesidad de acordar una agenda para avanzar en la tarea de consolidar a Chile como una potencia agroalimentaria. Noticia rescatada de La Revista del Campo, El Mercurio.
Con ello no se está diciendo que no estemos transitando por el camino correcto o que los distintos actores no tengan su hoja de ruta.
De lo que se trata es que se acuerde, explicite e impulse una agenda que convoque al conjunto del país.
En esta perspectiva se proponen, para el debate, los siguientes elementos:
a) Definir y posicionar una atractiva y vendedora imagen país. Si de bienes públicos se trata, ésta es una de las inversiones más rentables y que mejor apunta al objetivo de posicionar nuestros productos, al menos una parte de ellos, en los segmentos de mercados más exigentes y más sofisticados del mundo.
b) Consolidar la excelencia en los temas de calidad. La calidad es uno de los rasgos más distintivos del liderazgo agroalimentario que estamos construyendo. Ello nos obliga a ir incorporando tempranamente los estándares que vienen de los mercados. Es necesario masificar los mecanismos de aseguramiento de la calidad, las buenas prácticas agrícolas y la responsabilidad social empresarial.
c) Fortalecer el ámbito de la investigación e innovación. Los recursos del royalty están posibilitando dar un salto cualitativo y cuantitativo en estos temas.
Algunos énfasis en este sentido pudieran ser: la calidad y la seguridad de los alimentos; la biotecnología; la producción limpia y sustentable; los alimentos funcionales y la genómica nutricional, y la creación de variedades de frutales.
d) Fomentar el desarrollo competitivo y exportador de la agricultura campesina. Es preciso incorporar plenamente a la agricultura campesina en las tareas que requiere nuestro liderazgo agroalimentario.
No sería bueno para el sector que ella no sea parte activa de Chile Potencia Agroalimentaria. Hay que fomentar decididamente la incorporación de la agricultura campesina en los procesos de exportación.
e) Perseverar en tener más y mejores mercados. Chile ha hecho muy bien esta tarea. Hoy tenemos una red de acuerdos comerciales que nos permiten contar con muy buenos accesos.
Sin embargo, se requiere un monitoreo y acción permanente en a lo menos dos áreas: administración y perfeccionamiento de los acuerdos comerciales ya existentes y defensa de los mercados en que ya estamos presentes.
f) Readecuar la institucionalidad pública alimentaria. Al respecto se propone fortalecer la Comisión Interministerial de Inocuidad de los Alimentos; crear una Agencia de Inspección de los Alimentos y constituir un Consejo Nacional Alimentario que incorpore al sector privado, a los consumidores y a las instituciones tecnológicas relacionadas. Complementariamente se debe seguir modernizando y fortaleciendo el SAG.
g) Realizar una campaña comunicacional que posicione esta apuesta como una tarea nacional. La fuerza simbólica y argumentativa de Chile Potencia Agroalimentaria ha sido apropiada rápidamente por la elite económica y política del país.
Llegó el momento de hacerla parte del sentido común de todos los chilenos y chilenas. Una campaña comunicacional dentro de Chile le haría bien al sector y al país.
Finalmente, es preciso señalar que la idea Chile Potencia Agroalimentaria es de las más sustantivas apuestas que se han planteado para el sector en las últimas décadas.
Su éxito no sólo contribuirá a ampliar los espacios económicos, políticos y comunicacionales del sector rural y agroalimentario, sino que también fortalecerá nuestro orgullo e identidad nacional.















