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¿Qué está pensando Montanari? (segunda parte)

Enviado por Editor Chile Potencia Alimentaria el 31/12/2007 a las 13:11

Segunda parte de publicada en la Revista Qué Pasa de febrero del 2007 (ver primera parte). Por Myriam Mellado y Francisca Skoknic. Fotos Mabel Maldonado.

 

Empresarios poco arriesgados

“Sin sueños no se hace país. Yo trato de que los sueños sean colectivos. Como empresario creo que este país escabulle al riesgo y por lo tanto mi manera de ser me hace topar con esta cosa tan cuidadita que quiere controlarlo todo, que se cuidan más de lo que van a decir que de los riesgos que tiene tomar una política o no. Aquí, lo que no me gusta es que no se hacen apuestas. Es cierto que cuando uno apuesta tiene posibilidades de errores, eso es obvio, pero de lo que se trata es de tener más aciertos que errores. En Invertec damos premios al mejor error del año. ¿Y cuál es? Aquel que ha permitido aprender más como empresa. Creo que hoy los más inhibidos son la elite política y le dan una pésima señal al país. Entonces si la elite no construye confianza y no es capaz de decir claramente para dónde vamos, obviamente que existe un desconcierto”.

Mucha liquidez, pocos proyectos

“A nivel mundial pasa un poco eso. Tú ves las finanzas internacionales: hay mucho más dinero que proyectos. En su época, mi padre y mis tíos -los Simonetti- compraban una máquina un poco por la intuición. O sea jugaban a la ruleta con fichitas de 100 pesos. ¿Qué pasa hoy? Para poder emprender tienes que reunir una gran cantidad de información y conocimiento. Entonces en el casino de ahora ya no se juega con fichitas de 100 sino de 10 lucas, es cada vez más complejo. Los empresarios con sus equipos tienen que estudiar más. Yo lo hago todas las noches: dos horas, aunque llegue de una cena. Generalmente leo cosas de economía, de visión de futuro, leo las publicaciones del Consejo que parten del 2020. Acabo de leer la de diciembre de 2020, que son escenarios. Y leo sobre sistemas complejos. Recomiendo los libros de Jared Diamond “Armas, Gérmenes y Acero” y “Colapso”, que muestran el desarrollo de la humanidad desde hace 10.000 años y los problemas a los que se enfrenta hoy la civilización”.

El miedo a fracasar

“Los países se califican por el número de emprendimientos. Este es un país que sanciona el error. Cuando uno lanza 10 proyectos estratégicos por lo menos dos o tres van a fracasar. Y cuando así sea no podemos sancionar a esa gente porque inhibimos la innovación. ¿Cuántas veces quebró Henry Ford? Tres. No hay que castigar ni sancionar a quien quiebra”. Bachelet “Ella es holística, es sistémica. Estoy seguro de eso. Se ve esta cosa relacionada. Lo veo en que es una mujer que no oculta las emociones. No es Ricardo Lagos que es un presidente del siglo XX donde los hombres no lloran. Puedo intuir que ella ha leído a Maturana. No soy su amigo y esto lo veo desde afuera. Creo que le duele la desintegración del país: sabe que si no somos capaces de incorporar a la gente, de recomponer relaciones, no se termina con la pobreza. Creo que no es casualidad que tengamos una mujer como presidenta. Sus valores son muy propios del siglo XXI porque ellas tienen una mejor percepción de las imágenes y tienden a ver las cosas en su contexto. Además porque expresa un cambio cultural. Simboliza lo que está pasando y la gente sin racionalizarlo lo siente. Uno siente que ella te habla a ti y no al pueblo en general. Tiene esas cosas de las mujeres que son más decididas en sus acciones. Más radicales. No tengo una relación de cercanía con ella. A lo mejor hay cierta cercanía porque a mí no me gusta reprimir las emociones. De hecho, no hemos conversado desde que asumió”.

Pornografía política

“Echo de menos una reflexión seria, una disciplina. O sea una coherencia entre lo que uno piensa y lo que uno hace. Es el drama del Chile actual. Tenemos una oportunidad histórica que se está perdiendo por la pornografía política. Los chilenos, los ciudadanos, no estamos contentos, porque vemos los intereses del país subordinados a los intereses personales y eso me cuesta aceptarlo. Afortunadamente existe una reserva de políticos, de ciudadanos y de instituciones que se sienten interpelados por la necesidad de recuperar la vocación de servicio y de revalorizar la política. ¿Cómo? Un buen ejemplo es la Constitución de EE.UU. cuya primera frase es ‘We the people’; esto quiere decir que los partidos y las diversas instituciones deben acudir al soberano, a todos los chilenos, para volver a encantar”.

“Caballo loco”

“Así me decían. Fue por el problema de la pasión y he pagado duro por eso. No creas que fue fácil porque para un muchacho de 25 años cuando lo llaman así después de ser nombrado subsecretario, produce un horror. Me encantaría que me llamaran así ahora porque para mí es símbolo de vitalidad y trayectoria y no profeta alimentario. Me gustaría a largo plazo que construyéramos un Nosotros los chilenos”.

 

“Estoy enamorado del MAPU”

-Cómo llega un ex alumno del Verbo Divino, de familia de derecha, a convertirse en MAPU.

-Yo creo que se debe en parte a la influencia de los movimientos estudiantiles de los años ‘60 que se dan en Europa y que de alguna manera tuvieron un reflejo en Chile. En mi casa fui educado en la diversidad. Mi papá siempre me enseñó a respetar a los trabajadores, a conocerlos, y en el Verbo Divino -ahí está el caso de Viera-Gallo, Gazmuri, Eyzaguirre existió un grupo que se comprometió primero con la Iglesia -yo soy católico- y es ella la que nos lanza al compromiso con las cuestiones sociales. De ahí formamos una orgánica, un partido, el Movimiento de Acción Unitaria...Yo echo de menos el MAPU.

-¿Y qué aprendió de su paso por el MAPU?

-(Se ríe) ¿Qué aprendí? Mira, aprendí a respetar a las personas y a ser crítico con las ideas. Hoy tenemos poca capacidad crítica. En la universidad yo no vi a nadie que se parara y le dijera al profesor: “Eso no es así sino que es asá”. Eso es normal en las universidades americanas. Estoy preocupado porque con la educación actual, mis hijos no son formados en una posición crítica. La segunda cosa que aprendí -aparte de respetar y querer a las mujeres, que no es un desafío menor- es que el mundo se movía por los contrarios. O sea aprendí lo que es el yin y el yang.

-¿Le molesta que le recuerden su pasado MAPU?

-Nada que ver, estoy enamorado del MAPU. En los viejos amores uno es responsable de los afectos que ha generado, entonces no voy a renegar ni del MAPU ni de ningún amor de mi vida

-¿Cómo era la relación con su papá, que era un hombre de derecha?

-Yo provengo de una familia donde había dos tipos de hombres: los italianos y los que querían ser italianos. Esto ha atravesado mi vida. Cuando fue el Mundial del ‘62, mi papá alegaba contra Leonel Sánchez y yo contra esos jugadores italianos millonarios. Después, en la revolución estudiantil, obviamente quedamos en posiciones distintas. Luego vino el movimiento social y la polarización. Con mi padre siempre hubo un respeto por la diversidad, pese a que éramos muy distintos.

-Tener un hijo subsecretario a los 25 años, aunque sea de otro gobierno, me imagino que de alguna manera era un orgullo.

-Esa es la contradicción: en esa época le expropiaron a mi padre Cimet-Sindelen. Pero entendía que éramos distintos y dijo: “De acuerdo, yo he trabajado toda la vida” y partió a trabajar en una empresa que hacía ventanas venecianas.

“Encasillar políticamente a los empresarios es pueblerino”

-Se dice que hace algunos años pensó en escribir un libro con su amigo Óscar Guillermo Garretón con el título “Qué significa ser empresario de izquierda”.

-No, nunca pensamos escribir un libro. Lo que nos ofreció el director de The Clinic fue escribir una columna. No hay empresarios de izquierda y de derecha, no me gusta eso de izquierda o derecha, es una división antigua, del siglo XVIII. Hay empresarios no más. Algunos votan por la Concertación y otros por la Alianza. Es como un pianista: no hay de derechas ni de izquierdas. Yo creo que la diferencia está en que algunos empresarios creían que se debían sólo a sus accionistas y después se dio un tremendo paso con el tema de la responsabilidad social. Creo más en la división entre empresario moderno y antiguo. Los primeros creen que la comunidad es parte endógena de la competitividad. Si quiere ponerlo en otras palabras: lean las especificaciones que la Coca Cola les pide a sus proveedores donde los obliga a respetar los derechos de sus trabajadores y de la comunidad.

-¿Se considera un empresario exitoso?

-Sí, cómo no me voy a considerar exitoso.

-Y en la cultura concertacionista, ¿cómo cree que se ve esto, donde no es habitual un empresario exitoso?

-Hemos incorporado el emprendimiento a nuestra forma de ver la sociedad del siglo XXI: también queremos ser buenos y exitosos. Y si lo somos, perdonen la vanidad, estoy orgulloso de serlo y trato que la gente de nuestra cultura -cosa que se ha ido logrando de manera importante- valore el emprendimiento como una de las cuestiones importantes de este siglo. Es cierto que los partidos de la Concertación tenían una visión negativa del empresario. No crea que es fácil cambiarla. Cuando digo que soy presidente de una empresa que gana mucha plata, no falta el huevón que me critica como vendido al sistema, pero la cultura evoluciona.

-En Chile los empresarios tradicionalmente han sido de derecha.

-Cuando me encuentro con los empresarios europeos hay de todo. Cuando me encuentro con los japoneses hay budistas y no budistas. Vean ustedes lo que pasa en el Silicon Valley, en la Bolsa norteamericana: los más exitosos son tipos que en los 60 eran hippies. Entonces esto de encasillar a los empresarios es una cosa pueblerina de Chile.

-César Barros escribió una columna llamada El Mito de la Izquierda Empresarial. Decía que no existía como tal, que eran casi todos ejecutivos,
no emprendedores. Usted es la excepción a esa regla…

-Yo cuando me refiero a este tipo de cosas soy cuidadoso con las personas. Creer que los que trabajan en las empresas o los empresarios no son de la Concertación es no entender que la mitad del país, al menos, es de la Concertación. Entonces hay “ene” gente que es de esta sensibilidad.
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