Ureta es un apellido histórico de Colchagua, en la zona de Rosario. Andrés es un agrónomo de la Universidad de Chile, experto reconocido en carozos. Asesora a más de 40 productores de la región. Posee un campo con carozos de alrededor de 20 hectáreas, con su casa y oficina en éste. Gentil, nos invita a almorzar mientras conversamos. La casa en grande y cómoda. Se nota que está hecha para formar familia numerosa. Somos herederos de tradiciones, pienso. Andrés viene de una familia de 7 hermanos y hermanas, su padre de una de 12.¿Cómo se estructura la producción de fruta?
Andrés nos cuenta que existe varios tipos de productores de frutas de exportación. Por un lado, los que tienen un huerto pequeño, digamos 20 o algo más de hectáreas. Estos deben vender su producción una exportadora, y si no se asocian con otros productores parecidos para generar volumen y capacidad de negociación, se encuentran en un serio aprieto. Es muy difícil resistir y sobrevivir así. Salvo que produzcan algo muy exquisito y especial, o asociándose con otros para exportar juntos. Andrés Ureta pertenece a una asociación así, exclusivamente para vender juntos, que les permite juntar un millón 400 mil de cajas de carozos. Los productores más grandes y las exportadoras están comprando este tipo de instalaciones productivas, produciéndose una nueva tendencia a la concentración de la propiedad de las tierras.
Luego, están los productores grandes que pueden organizar su propia exportadora sobre la base de su propia producción. Y luego, las propias empresas exportadoras que están comprando tierras para crear sus propios huertos de producción. Andrés no está seguro que este sea un buen camino para las exportadoras. No es lo mismo exportar bien que cultivar y producir bien en el campo. Las competencias necesarias para administrar un campo no tienen mucho que ver con las necesarias para exportar y comercializar fruta.
¿Cuál es la clave en la producción de fruta de exportación?
Andrés Ureta piensa que las complicaciones provienen de los mercados, más que de las prácticas de producción y la administración de campos con frutales. Los mercados están en constante cambio y fluctuación. Hasta hace pocos años atrás un gran mercado -si no el principal - de la fruta chilena; en la actualidad este mercado prácticamente no existe. Brazil está produciendo su fruta, y, además, problemas de confiabilidad en los pagos, han hecho desaparecer este país como destino de nuestra fruta. En cambio, se abrió México fuertemente. El mercado árabe no ha crecido como se esperaba hace años atrás. Asia y los países de la ex Unión Soviética se encuentran creciendo. Pero lo más sólido es Estados y Unidos y Europa.
Técnicamente nuestros procesos productivos están a la altura de los mejores del mundo. Hay información disponible para mejorar e innovar en estos procesos, los chilenos hemos armado redes de contactos con universidades y productores internacionales, viajamos sistemáticamente, observamos. No es esto lo más complicado. Lo complejo es mantenerse en contacto con los cambios en los mercados y sus preferencias. esto es especialmente válido en la actualidad cuando las grandes cadenas de supermercados se han constituido en los grandes inventores del mercado de variedades de fruta.
¿Qué pasa con esto de las variedades?
Según Andrés Ureta, ésta - la producción de variedades propietarias - es la principal tendencia de la industria de la fruta en el mundo. La producción de variedades privadas - patentables - se ha multiplicado muchísimo desde que se organizó la producción de ellas como negocio privado. Antes, las variedades nuevas se producían en las universidades en Estados Unidos y Europa. Hace pocos años atrás, cuando se formalizaron bien la leyes de propiedad intelectual, esto se organizaó como una industria privada, y la producción de nuevas variedades se aceleró notablemente. Algunos de lo genetistas de las univeridades fueron quienes organizaron este negocio. No es una industria grande: en Estado Uidos hay dos empresas reconocidas que yo conozca, en Europa, una. Y son empresas relativamente pequeñas - casi un set de laboratorios y campos experimentales.
Desarrollar una variedad es un proceso largo, puede tomar diez o más años desde su inicio. O sea, una empresa así tiene un horizonte de producción de nuevas variedades de diez años en sus laboratorios y en sus campos experimentales. Ya hay 10 años de transformación de futuro en el "pipe line" de estas empresas. Y este futuro afectará completamente a los productores de fruta actuales, entre ellos, nosotros.
Nadie se puede quedar atrás en la adquisición de frutales de variedades nuevas. El mercado va cambiando permanentemente y exige variedades nuevas sistemáticamente. Los supermercados, - los grandes inventores del mercado de la fruta - terminan por no aceptar en sus escaparate sino frutas de variedades específicas. Más que interesarse de dónde proviene la fruta, les interesa que sea de de las variedades adecuadas.
¿Cuál es el costo de una variedad nueva?
Hay dos maneras fundamentales de vender frutales de variedades nuevas a los porductores. Por una parte, cobrar por cada planta que se adquiere. Valor: aproximadamente el doble que la variedad tradicional que se emplea hoy. O sea, prácticamente se duplica el valor de la inversión necesaria para hacer una plantación (15 mil dólares por hectárea). Por otra parte, vender derechos de pertenencia a un club de membresía limitada: consiste en vender el derecho a plantar una determinada variedad en una cantidad fija de supericie. El club define una cantidad total de hectáreas en el mundo donde se podrá plantar esa variedad. Cada miembro recibe garantías de que la producción total será limitada y que, por ende, el precio de esa variedad de fruta no debería caer. Valor típico de esta membresía: 1500 dólares por hectárea por diez años.
Andrés asiente cuando le pregunto si, de esta manera, nos podemos convertir en cultivadores de la tierra para los dueños de las variedades propietarias. Si no hacemos algo, el futuro va a ser así.
¿Desarrollaremos variedades propias en Chile?
No entiende bien Ureta por qué eso no ocurre todavía. Le parece que ni las universidades ni los institutos estatales están montados adecuadamente para esto. En cualquier caso, no lo han hecho. Tampoco han aparecido empresas privadas dedicadas a esto. Ni grandes productores o exportadores ni viveristas. No tiene una buena explicación de por qué esto no ocurre. No ve nada fundamental que impida comenzar con una industria así en Chile. (Yo recuerdo que esto, la producción de variedades nuevas, si se hace en las empresas forestales del País)
¿Problemas?
Andrés Ureta señala dos. Por una parte, que estamos aplicando las reglas de inocuidad y sanidad muy rígidamente. Esto las hace engorrosas, buraocráticas y costosas de más. Quizás es una cuestión de tiempo y de ganar experiencia. Piensa que en el mundo, p.ej., en Estados Unidos, estas mismas reglas se aplican con más flexibilidad que aquí. Pero ciertamente estas reglas le han hecho bien a la industria. La han profesionalizado a todo nivel. Y la han preparado para enfrentar reglas cada vez más exigentes, las que provienen principalmente de los supermercados, y de entre éstos, de los supermercados ingleses.
Sin embargo, Ureta estima que no vale lo mismo para las reglas laborales. Estas son dictadas con el propósito de proteger a los trabajadores pero son muchas veces contraproducentes para ellos mismos y sus familias. Cree Ureta que existe una cierta ceguera para entender que la industria de producción frutícola requiere mucha mano de obra. No se puede mecanizar la cosecha de cerezas frescas, ni de duraznos frescos, ni de uva de mesa; hay que hacerlo a mano. Y la mano de obra se ha ido haciendo cada vez más escasa y cara; en parte innecesariamente debido a reglas laborales quizás no bien estudiadas.















