A estas alturas del partido deberíamos saber que la suma de dos o más prejuicios es igual a un cero político. Si la negociación es buena y necesaria, no es porque sume alegremente sino porque a partir de las diferencias, sintetiza, enfoca y permite actuar en conjunto. En nuestro caso, las viejas disputas, tan caricaturescas como trágicas, hoy resultan impronunciables (más por verguenza que por cortesía). Pero los restos soberbios del pasado se cobijan en prejuicios fuertes, que apenas se adivinan en las entrelíneas de nuestros lenguajes cortesanos.
Aquí, un par de muestras de lo que estamos diciendo pero que no estamos conversando.
1.- El prejuicio y las vacilaciones funcionarias: “... hay que mirar el conjunto; una cosa es la agenda alimentaria y otra, saber si esta será más importante que una política para los productores primarios”. 2.- La picardía campesina: “La asociatividad es una buena alternativa para sensibilizar al Estado y para enfrentar el mercado y la globalización”. 3.- La indiferencia del exitoso: “Lo nuestro es la conquista de los mercados internacionales; la exclusión y los temas sociales son problemas del Estado”. Lo que es común en estas afirmaciones es la autosatisfacción, el distanciamiento y un cierto humor ladino en los que se filtran las desconfianzas y conservantismos que entraban el desarrollo de Chile como potencia alimentaria.Entre otros efectos de estos rezagos, si el Estado mantiene una visión dual de la sociedad, lo que hace es mantener la desarticulación de la economía y reproducir las exclusiones. Esta mirada que separa “lo social” de “lo económico”, que elige –por acción o por omisión- entre un sector social y otro, es la que ha hecho crecer al Estado por sobreposición de instituciones y prácticas heterogéneas e ingobernables -pura suma, nada de conjuntos-. Las pymes, por su parte, no se van a desarrollar en soledad, ni de espaldas a los mercados, ni recogiendose al alero del Estado. Los grandes exportadores, a su vez, reciben a diario señales de los mercados externos que les exigen apurar el tranco y hacerse cargo –con exactitud y ojalá con anticipación- de sus proveedores, de sus trabajadores, del medio ambiente, de sus mercados internos y de sus comunidades.
Necesitamos una perspectiva y una política que abarque al conjunto. La única respuesta a los prejuicios y las celosías es el Sistema Alimentario Chileno. El desafío alimentario de Chile es relacionar a los distintos sectores, articular las prácticas, asociar las instituciones y armonizar los lenguajes y las imágenes.
Lo nuestro no es la cantidad, es la calidad y la diversidad. Los desafíos actuales del sector alimentario se dirigen a la máxima diversificación de productos de calidad. Ese es el horizonte de la pequeña agricultura. Para alcanzarlo, se necesita empuje en el emprendimiento, orientación al consumidor, disposición a innovar, importantes niveles de asociatividad, alta intensidad en el uso de mano de obra calificada, apoyo estatal -sin duda- y mercados internos competitivos, modernos y eficientes.
La inclusión de las pymes no se reduce a su vinculación con la economía exportadora. Las pymes deben tener opciones: mercados locales más eficientes, cadenas nacionales de comercialización o nuevas redes emergentes, sociedades para equipamiento o para comercialización, cooperativas, la agroindustria y las cadenas de exportación; todas las opciones deben estar abiertas, disponibles y enfocadas como instrumentos para la competitividad y la modernización de las pymes. La medición del éxito de las Pymes no está en el aumento del número de las que exportan sino en un índice que refleje la densidad de sus encadenamientos en la economía competitiva.
El mercado interno no es un refugio contra la competencia. Al contrario, si queremos que las pymes surjan y se desarrollen debemos perfeccionar la competencia en los mercados internos y respaldar desde el Estado las exigencias de calidad, trazabilidad, eficiencia y servicios asociados a los productos. Desde el punto de vista de la eficiencia, de la transparencia, de la competencia y de la soberanía de los consumidores, el mercado interno debe ser mirado como una extensión de los mercados mundiales. Debemos abrir mercados internos mas competitivos, bajar los costos de transacción, mejorar los servicios públicos y la conectividad física y comunicacional en nuestros territorios. Solo en ese contexto, con las pymes incorporadas a un Sistema Alimentario Chileno, las pequeñas empresas podrán ser incentivadas a asociarse, a profesionalizarse, a modernizarse, a innovar y a financiarse en el mercado formal.















