Consecuencias del bajo valor del dólar.
Alberto Valdés en Revista Agronomía y Forestal Nº 29.
Llama la atención que en el debate actual acerca de las posibles repercusiones de la caída del dólar no se enfaticen las repercusiones sociales que ello acarrea. Sobretodo considerando que hay estudios recientes en Chile que proporcionan una base empírica sólida para su análisis. Los planteamientos se han centrado en la pérdida de competitividad del sector agroexportador y del que compite con importaciones (agricultura tradicional) a consecuencia de este fenómeno, lo que estaría induciendo una caída en la inversión privada. Es lógico que este impacto en rentabilidad e inversión sea lo primero a plantear. Pero pienso que uno puede además extender el análisis considerando las consecuencias de esta desaceleración de la inversión agrícola en el empleo y salarios rurales, y su repercusión en un posible aumento en la pobreza y en la migración rural urbana.
Para aclarar el contexto: El dólar es el precio más importante para la agricultura chilena. Tratándose de un sector muy transable -sus exportaciones representan una proporción importante en el PIB sectorial- y, con excepción del azúcar, sus importables tienen aranceles bajos. Importante, el dólar bajo puede ser un fenómeno transitorio, debido al excepcionalmente alto precio del cobre y molibdeno. La caída del cambio real ha sido significativa. Eso está bien documentado. La reducción del dólar real se traduce en una disminución considerable de los retornos (en pesos) en relación a los costos, dado los precios externos de productos agrícolas. Ello reduce la rentabilidad y estaría induciendo a una desaceleración de la inversión en agricultura y agroindustria. Como hay rezagos largos en el proceso de inversión y producción, las estadísticas globales de exportaciones recientes todavía no captan el fenómeno subyacente. Sin embargo, hay sectores que se benefician con el dólar bajo, ciertamente los consumidores e importadores, mientras la capacidad de compra no sea afectada.
Como lo planteó Sebastián Edwards recientemente en una conferencia de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), es costoso que el cambio real se mantenga “desalineado” por períodos largos respecto de su valor de equilibrio de largo plazo, que él estimó corresponde a un valor nominal entre $620 a $640 por dólar, $100 mayor al valor actual. Distintos analistas coinciden en que existe desalineación, si bien algunos estiman valores algo menores, pero creo que ninguno lo reduce a menos de $560. La excepción es el cálculo en base a un promedio histórico que realiza el Banco Central, que lo sitúa en alrededor de $540.
El dólar relativamente alto ha sido muy influyente en el desarrollo agroexportador de Chile, y el gran riesgo es perder terreno en lo que tanto ha costado avanzar, y quizás arriesgar varias décadas de trabajo, para encontrarnos en cuatro o cinco años más con un dólar más alto que sí haría nuevamente muy competitivo al sector. Lo transitorio del precio del cobre y cómo se proyecta a futuro es central en el diagnóstico.
¿Por qué planteo enfatizar también el costo social? En esencia por tres aspectos: La expansión agrícola ha sido notable, sobretodo agroexportadora, y ésta ha tenido un fuerte impacto en elevar el empleo y los salarios de mano de obra de baja calificación, la más pobre, reduciendo la pobreza y en cierto grado la emigración rural-urbana. Este empleo incluye el de poscosecha en áreas rurales. Aunque el grueso de la agricultura familiar no se ha beneficiado directamente como productores, su ingreso familiar sí ha aumentado a través del empleo fuera del predio. ¿Qué evidencia empírica apoya este planteamiento? Puede haber otras, pero destaco una reciente: como se plantea en el libro “Externalidades de la Agricultura Chilena” (ed. Valdés y Foster, Ediciones UC, 2005) en base a análisis econométrico, el impacto proporcional del crecimiento agrícola contribuye más que el promedio de la economía a la reducción de la pobreza (elasticidad que fluctúa entre 1,2 a 2,4 comparado a un promedio de 1,0 para la economía como un todo). Y el vínculo central es el ingreso laboral (en el predio y post cosecha), examinado en detalle en dicho estudio.
Además, si bien la agricultura es un sector ‘chico’ en la economía (cerca de 5,5% del PIB según Cuentas Nacionales), al considerar los encadenamientos con el resto de la economía (netos de insumos importados) el PIB agrícola ampliado llega a 9,5% (Valdés y Foster en el mismo estudio). Esto no implica que Cuentas Nacionales lo calcule mal, pero sí refleja que cuando el sector se desacelera, también acarrea una caída en otros sectores, y luego el impacto de la desaceleración agrícola es bastante mayor a su proporción en el PIB, cercana al 10%. Esto lo muestra estadísticamente con otra metodología el estudio del Banco Mundial (“Más Allá de la Ciudad, la Contribución Rural al Desarrollo”) presentado en Santiago en mayo de 2005. Este estudio concluye que en Chile, una aceleración del agro del 1% (digamos de 4% a 5% anual) está asociada a una aceleración de alrededor de 1,2% en el crecimiento del resto de la economía, y viceversa ante una desaceleración. Esto es, su impacto es superior a su tamaño relativo, y tiene una repercusión considerable en empleo y nivel de vida en áreas rurales, en donde se concentra una proporción significativa de la pobreza en Chile.
El mismo estudio del Banco Mundial concluye que el tamaño del sector rural en Chile en términos de su población es bastante superior a lo que reflejan las estadísticas oficiales. Considerando una definición de densidad de población y distancia a mercados y centros urbanos (más similar a la empleada por la OECD), la población rural en Chile llega a cerca del 35% del total, en contraste a cifras de 15% o menos de la medición oficial nacional.
Por último, el sector de agricultura familiar (pequeños agricultores) también puede ser afectado muy adversamente por el dólar bajo, considerando su condición de productores de agricultura tradicional (que compite con importación) y por su fuente de ingreso laboral fuera del predio.
Cómo revertir la tendencia a la baja en el precio del dólar es un tema en el que circulan muchas propuestas; no hay soluciones simples ni de efecto rápido. Pero esperamos que se avance con perseverancia y efectividad en una dirección que contribuya a reducir y ojalá a eliminar la desalineación actual del tipo de cambio. De su éxito depende que el sector agro-exportador mantenga su dinamismo, aumente el empleo y el ingreso laboral de hogares pobres, y ello contribuya a un mayor dinamismo en las regiones agrícolas y a una mayor descentralización.
















comentario! Washo!
super wueno el asunto este wuashoo este se passoo!! terrible wenoo