Ignacio Muñoz y sus productos Blueber y Cranber . Nota extraída de la Revista del Campo, El Mercurio.
Parecen como cualquier chocolate. Pero son arándanos y cranberries, sólo que deshidratados y cubiertos con chocolates. Para el consumidor, una delicia. Para la industria, una alternativa para los frutos que no se pueden exportar.
A mediados del año pasado, un amigo de Ignacio Muñoz, gerente de Café Express, recorría un supermercado en China, cuando una pequeña caja atrajo su atención. No estaba muy seguro de qué era. Parecía un chocolate, pero mostraba un arándano. La compró y probó lo que venía adentro. El sabor fue "increíble". El ácido del berry desapareció completamente bajo el chocolate. Le gustó tanto, que se trajo un par de cajas.
A su llegada a Santiago le dio a probar a Muñoz. El sabor fue nuevamente un impacto. Y en ese momento a Ignacio se le ocurrió que sería una buena idea elaborarlos en Chile. Mal que mal, los arándanos ya se estaban perfilando como uno de los berries de mayor crecimiento en el país y, bien supuso, debía haber un porcentaje de ellos que no tenía una salida tan atractiva.
"Si esto se vendía en China, nos preguntábamos por qué no podíamos hacerlo en Chile. Somos uno de los mayores productores mundiales de berries", recuerda el gerente general de Café Express, que llevaba dos años metido en la importación de máquinas automáticas de café y poco sabía del sector alimentario.
Empezó a buscar en internet y se dio cuenta que el producto ya existía en otros países y, lo más importante, se vendía bien.
Sus primeros tanteos no los hizo con berries, sino con granos de café, que también cubrió con chocolates. Hasta ese momento un producto que se encontraba importado y sólo en algunas tiendas de especialidades. Pero Muñoz lo fabricó y lo ofreció en supermercados, cafeterías y tiendas de delicatessen.
La acogida fue inmediata.
"Cuando les presentas algo novedoso, están súper dispuestos a abrirte sus puertas. Aunque sea algo caro", dice con seguridad Muñoz.
Hoy, con el know how necesario para comercializar el producto, los contactos hechos, la aparición de un nuevo competidor en el mercado y cien mil cajas de café vendidas en 2005, está listo para diversificarse hacia su idea original: transformarse en la primera fábrica de berries deshidratados bañados en chocolate.
La idea es agregar valor a frutos que, a pesar de tener buenos calibres, presentan algunas fallas como golpes y machucones que les impiden ser exportados frescos y deben ser vendidos como jugos o congelados.
"Si se cubren con chocolate, su precio se duplica", dice el empresario.
Sus primeras líneas fueron de arándanos y cranberries.
"Los elegimos porque son productos reconocidamente saludables. Además, el cranberry se produce sólo en Chile y en Estados Unidos y su jugo es el más tomado entre los norteamericanos. Entonces, tiene mucha proyección internacional", explica Muñoz.
Ocho meses tardó en desarrollar el producto. Casi todas las etapas de producción fueron externalizadas y la empresa se concentró en la comercialización y marketing.
Los cranberries, por ejemplo, se compran a un productor de Lanco, en la X Región.
"Es una fábrica que exporta jugo y las pasas de cranberry generalmente se perdían. Entonces, la aprovechamos para producir esto", explica.
Los arándanos, en tanto, se adquieren a diversos productores y exportadores durante la cosecha y son congelados para tenerlos como reservas durante el resto del año.
Luego, son enviados a una planta en Valdivia para el proceso de deshidratación. Esta es la etapa más cara: para obtener un kilo de fruto deshidratado, se deben secar tres.
Aquí, el calibre de la fruta es muy importante, porque, si es muy pequeño, queda hecha un hollejo.
Parte de la pérdida del deshidratado, sin embargo, se suple con el chocolate que se agrega.
Las bolsas de pasas rojas (cranberries) y azules (arándanos) son trasladadas a Santiago, donde se bañan en chocolate y se envasan.
"Nos fijamos harto en los diseños de los envases, que sean llamativos. Para eso, contratamos a una oficina de diseñadores que nos hizo las cajas", explica Muñoz.
La comercialización, hasta ahora, no ha sido complicada. La acogida ha sido buena, principalmente en las cafeterías.
"Son ricos y los hemos puesto para degustación", comenta Anita Bezanilla, de la cafetería Las Bezanilla.
"Han tenido incluso más aceptación que los granos de café. Porque los llevo a las mesas y, después, me los compran al tiro. Eso no pasaba antes. La gente me dice que es un vicio", agrega Jéssica Carvajal, vendedora del local de Alonso de Córdova de la cafetería.
Sin embargo, la intención del dueño de Café Express es ir más allá y abordar mercados como EE.UU. y los países nórdicos.
"Nuestra ventaja es que en esos países es más cara la mano de obra y están dispuestos a pagar más caro por estos productos", concluye Muñoz.
No pretenden quedarse sólo en los arándanos y los cranberries. En los próximos meses incursionarían en frutillas, frambuesas, moras y guindas e incluso con variedades cubiertas de chocolate blanco.
El otro negocio
Además de venderlos bañados en chocolate, Ignacio Muñoz comercializa los berries deshidratados en bruto, en bolsas de medio kilo.
Mientras muestra los envases de pasas rojas y azules, explica que la idea es ponerlos a disposición de supermercados, restoranes, pubs y pastelerías.
Se usa en cócteles, pastelería y repostería, principalmente.
















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