Hoy, la aspiración de transformar a Chile en Potencia Alimentaria avanza hacia un gran consenso nacional. Las asociaciones empresariales la hacen suya y el nuevo gobierno la ha proclamado como un eje de su política sectorial. Las organizaciones campesinas y de pequeños productores, por su parte, hacen ver la cara excluida de los desarrollos actuales y plantean, junto con su escepticismo, diagnósticos desoladores sobre la realidad rural.
Si el país se va a transformar en potencia alimentaria será sobre la base del cumplimiento de la promesa de inclusión de los campesinos en la economía moderna. Si la dualidad y la exclusión persisten y si se mantiene la bipolaridad del Estado frente a los desafíos del sector, entonces, habremos topado techo en la expansión de nuestras potencialidades y no nos quedará más que lamentar el estancamiento.
Publicamos este artículo de rechazo a la proclamación de Chile Potencia Alimentaria, porque es ejemplar y, a pesar de sus ideologísmos, presenta también las brechas para un diálogo posible.
POTENCIA ALIMENTARIA Y MIGAJAS
Fuente: Gran Valparaíso Diario libertario y pluralista.
Patricio Malatrassi A - Taller de Economía ICAL
Los deslumbrantes resultados del sector agropecuario de exportación ocultan la “ruta de la miseria” de la actividad frutícola .
El agro chileno contempla las grandes fanfarrias del modelo y las tenebrosas miserias que no le dan tregua. Exportación de 2.100 millones de toneladas de frutas con retornos de 1.732 millones de dólares para los grandes conglomerados exportadores. Desempleo, salarios mínimos para los temporeras y malformaciones para sus niños...
... Así, al sector agrícola en su conjunto no le va tan bien como al gobierno de Chile y sus socios mundiales. Existen 22 mil deudores individuales, a los cuales deben agregarse 600 empresas campesinas, que integran la cartera vencida de Indap. Le deben a la entidad cerca de 40 mil millones, por deudas que en su mayoría se arrastran desde los años 90.
La nueva fantasmagoría del Sr. Presidente de potencia alimentaria es sólo eso. Para que ello fuera verdad, obviando otras condiciones, las tasas de crecimiento del sector debieran ubicarse dos o tres puntos porcentuales por encima de las tasas de crecimiento proyectadas para el país en su conjunto (5%)...
... Esto no es sino una nueva propuesta vacía de contenido. No hay un proyecto de país posible en una economía transnacionalizada.
Potencia alimentaria y migajas
Los deslumbrantes resultados del sector agropecuario de exportación ocultan la “ruta de la miseria” de la actividad frutícola
Patricio Malatrassi A - Taller de Economía ICAL
(25/10/04)
EL AGRO CHILENO contempla las grandes fanfarrias del modelo y las tenebrosas miserias que no le dan tregua. Exportación de 2.100 millones de toneladas de frutas con retornos de 1.732 millones de dólares para los grandes conglomerados exportadores. Desempleo, salarios mínimos para los temporeras y malformaciones para sus niños.
Los exportadores de uva de mesa, que corresponden al 40 % de los despachos de fruta recibieron entre 12 a 15 dólares por caja. Cifras excepcionales sin duda. La temporada anterior había recibido diez dólares por caja.
Las exportaciones de alimentos representan hoy el 10 % del PIB y el sector explica el 17 % del empleo nacional. Y para no ser menos en un país adicto a los ranking, ocupa el lugar 17 entre los exportadores de alimentos.
El sector vitivinícola anotará este año un record de exportaciones, con un estimado de 750 millones de dólares. De las 300 empresas exportadoras que están haciendo este negocio, sólo 80 venden más de 1 millon de dólares al año. Es curioso, pero en toda la economía chilena parece repetirse el fatídico 20 % que se queda con la parte del león, mientras que el resto se distribuye escalonadamente lo que sobra: el mítico chorreo.
¿Y cuál es el resto? Los propietarios de vides para vinificación en Chile son más de 13.000, apenas el 3% de los cuales posee más de 50 hectáreas. ¿Cuál es el destino de estos pequeños propietarios de la industria? No tienen grandes posibilidades en los mercados internacionales, donde los canales de distribución de los mercados globalizados son de difícil acceso y las rentabilidades caen a pique para los miniproductores.
Los costos fijos que involucran las exportaciones son insostenibles en el tiempo para las pequeñas empresas. ¿Cómo ajusta el mercado esta situación? Bueno, ya lo hemos visto la receta neoliberal en otros sectores de la economía: alianzas estratégica (arrimarse a los pescados grandes, “big fish”), venta a precio huevo antes de incurrir en la pérdida total, fusiones forzadas con las transnacionales y grandes empresas “nacionales”, que seguirán creciendo y acaparando el grueso del mercado.
A las llamadas “viñas emergentes” les ocurrirá lo mismo que a los “países emergentes”: o se asocian cos sus pares o se las comerán los big fish.
Este es, obviamente, el camino de la globalización: ya les ocurrió a los viñedos australianos. Los grandes consorcios estadounidenses prácticamente barrieron con las pequeñas bodegas y es lo que ya están haciendo en la fruta Dole Chile, subsidiaria de la estadounidense Dole Food Company, y en el sector pesquero la noruega Stolt Nielsen y la holandesa Nutreco Holding.
Las agroindustrias que hace 10 años exportaban pasta de tomates, pulpa de fruta y vegetales y derivados de tomate eran 10; hoy quedan cuatro.
Para los que se muestren escépticos de las tendencias del mercado, que se comporta absolutamente en sentido contrario de lo que preconizan sus mentores, en términos de libre concurrencia de muchos productores y muchos compradores, baste señalar que en el sector en las exportaciones de flores, una sóla empresa, Pacific Flowers ,concentra el 90 % de las exportaciones.
El sector lechero ya vivió esta experiencia y allí los pequeños productores deben cargar sin más con la posición dominante de lNestlé, Watts y Parmalat, todas trasnacionales, de las cuales reciben entre 110 pesos y 115 pesos por litro, en circunstancias de que los precios de equilibrio internacional son del orden de 140 pesos.
Bajo la consigna de ser competitivos en las prácticas agrícolas e incorporar valor agregado que facilitase el ingreso a países “exigentes”, se iniciaron en el sector una serie de certificaciones y controles para pequeños y medianos productores. ¿Resultado? Se fueron por el tobogán de salida acelerada, debido a los altos costos de aplicación de las medidas. Es decir, los países desarrollados han reemplazado las rebajas arancelarias contempladas en los TLC por nuevas barreras paraarancelarias “transparentes”, como controles de hongos e insectos imposibles, exigencias que no tienen otro destino que sacarlos del mercado.
Así, al sector agrícola en su conjunto no le va tan bien como al gobierno de Chile y sus socios mundiales. Existen 22 mil deudores individuales, a los cuales deben agregarse 600 empresas campesinas, que integran la cartera vencida de Indap. Le deben a la entidad cerca de 40 mil millones, por deudas que en su mayoría se arrastran desde los años 90.
La nueva fantasmagoría del Sr. Presidente de potencia alimentaria es sólo eso. Para que ello fuera verdad, obviando otras condiciones, las tasas de crecimiento del sector debieran ubicarse dos o tres puntos porcentuales por encima de las tasas de crecimiento proyectadas para el país en su conjunto (5%).
Habría asimismo que detener la polarización de la propiedad y de la inequidad en la distribución del ingreso, aparte de revertir la concentración geográfica agroalimentaria, que está absolutamente concentrada en la zona central del país, en donde además las mejores tierras la está absorbiendo la expansión urbana desatinada y regida por los negocios inmobiliarios. A todo esto se agrega la insuficiencia de infraestructura de transporte a causa de la jibarización de Ferrocarriles del Estado y la existencia de un parque automotriz absolutamente dependiente del petróleo. Imposible no consignar el encarecimiento del transporte marítimo atribuible a la liquidación, decidida por los “patriotas” de este país, de la Empresa Marítima del Estado.
La pregunta es dónde está la planificación que contemple la inversión pública para la ejecución de los vastos proyectos que se requieren para una proyección de esta envergadura, cuando el gobierno tiene sometido al país a una regla presupuestaria que privilegia la mantención de un déficit estructural, que significará una merma de 1% en el presupuesto del Ministerio de Agricultura para el año fiscal 2005.
Esto no es sino una nueva propuesta vacía de contenido. No hay un proyecto de país posible en una economía transnacionalizada. La participación de Chile en la APEC no hace sino agudizar la dependencia y consolidar los amarres institucionales.















