Isabel Quiroz
Vicepresidenta de Decofrut
Me siento orgullosa de nuestra industria exportadora de frutas. He sido testigo de su gran desarrollo en los años 80, de su estabilización y diversificación en los 90, y de las dificultades en la primera década del 2000 de esta industria madura que enfrenta un mercado competitivo, sobreabastecido, exigente y con precios difíciles de mover hacia arriba, de no mediar una baja muy importante en el volumen. Podrá haber ejemplos que digan lo contrario, como los arándanos, considerado un diamante en este bazar de baratijas, pero tarde o temprano todos los productos recorren el mismo camino y se establecen como "commodities" en que se pelea por el estrecho margen.
¿No se puede hacer nada?
¿Por qué los kiwis de Nueva Zelandia siguen accediendo a un mercado diferenciado del de Chile, que puede llegar a ser superior en hasta 5 o más euros por caja? ¿Por qué la uva de mesa sigue compitiendo consigo misma en los períodos de peak de exportación, autodestruyéndose en el mercado? ¿Por qué nuestras mandarinas, el otro diamante en preparación para EE.UU., tuvieron una luna de miel tan corta en su mercado natural y hoy enfrentan una nueva temporada con stress, como cualquier otra fruta tradicional?
Hoy ya no valen las explicaciones. Más que nunca hay que pensar, debatir y actuar.
En muchos aspectos, nuestra fruticultura carece de análisis. Los seminarios que se han multiplicado por doquier se han transformado en una actualización de datos que poco tiene que ver con su palabra de origen: Seminario, muchas semillas. Aparte de las semillas sociales, no percibo que hoy impacten en nuevas ideas y sean capaces de movilizar en forma potente a personas y empresas hacia una nueva realidad de productos, embalajes, imagen, marketing y, finalmente, hacia una nueva realidad de mercado y de precios para Chile.
¿Cómo vamos a encontrar esa realidad de mercados y de precios, si primero no la concebimos, la compartimos, la destrozamos, la reconstruimos y luego la planificamos?
En este sentido, celebro que la Facultad de Agronomía de la PUC se atreva a incursionar en un nuevo formato de seminarios–debate, que se inician con cítricos el próximo 7 de mayo. Sin invitados extranjeros, porque la solución de nuestros conflictos está en el debate al interior de la industria y, por tanto, en nosotros mismos; sin grandes charlas, sólo la entrega de los datos que evidencian los problemas. Los que están en la industria tienen todo el conocimiento de lo que sucede o la mayor parte de ello para debatir los aspectos que afectan el desarrollo del negocio.
Deberían participar todos los que tienen disposición activa a aportar su pensamiento y ser protagonistas de los cambios. Es de esperar que muchas más iniciativas de verdadero debate, surjan para reinventar el negocio y disponer del análisis profundo que da soporte a acciones audaces, individuales y colectivas, únicas capaces de dar golpes de timón a lo establecido. Quizá es el área que deben desarrollar asociaciones de productores, exportadores, proveedores de servicios, Gobierno y centros de investigación.
Es la hora de innovar en todo ámbito. Pero eso no ocurrirá sin un trabajo intelectual previo. Chile tiene una gran fruticultura, los mejores productores, los mejores técnicos, los mejores exportadores. Ya es tiempo de pensar, pero con mayúsculas, y concebir las mejores y nuevas ideas para un mejor negocio.
Revista del Campo















