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Salmoneros (4). "La acuicultura es globalmente positiva".

Enviado por fbalcells el 23/09/2006 a las 12:13

(La belleza de este juego radica en que el ahorcado es víctima de sus propias incompetencias en el lenguaje).

Ha aparecido un nuevo número de la revista Aqua y no puedo evitar comentar el título de portada: “La acuicultura es globalmente positiva”. Afirmación de Victor Hugo Puchi, que por equívoca y débil, me recuerda la queja llorosa del presidente de los salmoneros en el seminario de Chile Alimentos ante los cuestionamientos a la industria.

 “Globalmente positiva” ¿quiere decir, localmente contaminante, parcialmente injusta o simplemente, “conformémonos con la suma y olvidemos los detalles”? Ninguna de las posibilidades de esa proposición es aceptable para la comunidad y, tampoco es justa con los salmoneros.

La misma falta de convicción se advierte en la polémica entre la asociación de salmoneros y algunos ecologistas –que reproducimos en estas páginas-. En los discursos de los salmoneros, se advierte una especie de confusión culposa, que les impide separar los impactos que se deben corregir de los que se deben profundizar. Llaman la atención la imprecisión y las vacilaciones de algunos empresarios para defender la trascendencia social y la envergadura para el país de sus emprendimientos.

Sucede algo parecido con algunos funcionarios del Estado, que más por torpeza que por falta de transparencia, son incapaces de dar respuestas adecuadas y precisas a las preguntas del público. ¿Se trata acaso de la tibieza ambiente -que parece aguar las convicciones- o del temor a jugársela por las promesas de sus propuestas?

Permítanme aventurar una hipótesis. Algunos funcionarios y empresarios comparten una ineptitud parecida en el manejo del lenguaje -que trasluce un problema de autoridad-. Acostumbrados a ejercerla desprolijamente, con dureza, con comodidad y sin contemplaciones, en la actualidad, reconocida la existencia de interlocutores irremediablemente válidos (oposiciones diversas, demandas sociales emergentes o, simplemente, nuevas pautas culturales más exigentes), los soberbios de ayer se transforman en amurrados blandos e inconsistentes que oscilan sin matices, entre una humildad fingida y la expresión de una rabia adolescente mal contenida.

La aparición de “los otros”, en el panorama vecinal de las empresas y las instituciones es el mayor desafío civilizador y el mayor cambio económico de los últimos tiempos. La mejor oportunidad de Chile.

Que esos “otros” aparezcan como consumidores o comunidades no hace más que agregar variedad al desafío de la convivencia y del desarrollo. En el equilibrio entre la acogida al otro y a las nuevas demandas de clientes y comunidades, por una parte, y la afirmación del punto de vista propio, por otra; en ese encuentro, se juegan el respeto y la calidad de la autoridad que un sujeto puede invocar. Lo salmoneros al parecer, están algo faltos del amor propio necesario para afirmar los logros sociales de su actividad.

Como dice la canción, el mundo está cambiando y, los empresarios deben entender que mientras mayor sea su éxito y el espacio que ocupan en la escena social, mayores son también las responsabilidades exigibles que deben asumir en la suerte de la gente, del país en su conjunto y, en la producción de un sentido común de identidad y de proyecto país.

Esto va mucho más allá que las iniciativas locales de RSE y tiene que ver con la necesidad de asumir ante la comunidad, los alcances públicos –políticos- de la iniciativa empresarial.

Sorpresa; el problema es político.

En estos tiempos, las empresas y los gremios no pueden pretender sacar las castañas con la mano –derecha- del gato; no pueden renunciar a la actividad cultural y a la política en serio. No pueden tampoco refugiarse en la separación antigua de “lo público” y “lo privado” o fingir una divisoria objetiva de la política y de la técnica. No pueden, tampoco, si se creen el cuento, declararse incomprendidos y encerrarse en su pieza.

El ejercicio de la responsabilidad ciudadana de los gremios y las empresas no se agota en un documento (ver. Informe de SalmonChile), ni en un par de comunicados de prensa sino que exige una actividad incesante de información y de comunicación con el público. Esta actividad es parte de la apertura comercial y pertenece a la esencia del producto y de los derechos críticos del cliente.

Aceptar la crítica es una parte importante del juego. Y lo que está en juego, no es un sector de actividad sino un modelo de desarrollo. La gente tiene derecho a saberlo todo sobre la actividad, y la salmonicultura, si acepta madurar y sincerarse, tiene logros y argumentos de sobra para afirmar su lugar en el país. Por ejemplo, es probable que el público se interese en saber sobre el monitoreo, los controles y los planes para superar el daño ambiental en los lagos del sur. Caso a caso y en que plazos, con qué alternativas tecnológicas y que costos. También es de interés del público nacional y no sólo del extranjero, conocer lo que se hace en materia de inocuidad de los alimentos. O, cuales han sido los desarrollos en el tema del empleo, de la evolución de las remuneraciones, de la calificación del capital humano, del trabajo decente y de la higiene en las plantas y centros de cultivo.

No es necesario disimular los problemas -ni es posible hacerlo-. Lo que es importante, es la capacidad de ponerlos en perspectiva y proyectar los desafíos de la actividad en el tiempo.

Nadie pone en duda – ni los ecologistas más ideologizados-, que “la salmonicultura es globalmente positiva”. Pero ese no es un punto final, es apenas un punto de partida en la elaboración de un relato que le da su forma a la época y en el cuál los salmones deben encontrar su lugar como personajes.

Chile tiene que querer sus salmones y tiene que creer en sus alimentos como antes ha querido al cobre. Esa es una condición del Chile Potencia Alimentaria, y para cumplirla, un consejo; preocúpense de diseñar procesos productivos comunicables y, ocúpense con urgencia de los mercados internos.

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Enviado por pt el 24/09/2006 a las 9:34
pt
está bien e inteligente pero sin solidaridad se justifica el tono de ataque -que percibo - ante una incompetencia comunicativa?

Enviado por RVC de Abdera el 21/09/2006 a las 6:02
RVC de Abdera
1) Tu texto es globalmente positivo, aunque localmente descalificador y parcialmente injusto con algunos. Pero comprendo que tu texto llama a que "apreciemos la suma y olvidemos esos detalles". 2) En cuanto al fondo, encuentro perceptiva tu observación central sobre las nuevas exigencias al lenguaje empresarial y funcionario, que llegan con la aparición en escena de "los otros". En definitiva -si me permites leerte así- empresarios y funcionarios han despertado para encontrarse, sin preaviso ni pertrechos adecuados, en el tercer mundo de Attali. Los empresarios ya no se pueden refugiar en la pura racionalidad mecanicista del mercado, y los funcionarios ya no se pueden refugiar en el simple ejercicio de poder al servicio de una causa. Por el contrario, ambos se encuentran sorpresivamente inmersos en un mundo en que los emprendimientos valen no sólo por la racionalidad mecánica de los intercambios que generan ni tampoco por el mero poder partidario que los respalda, sino por su capacidad para participar en la creación y circulación de los mensajes que crean sentido. Lo bueno de todo ello es que, como dice Maïtre Jacques, la estética como visión y la seducción como palabra es lo que nos aleja de la dictadura.

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