Vince Stricherz
Universidad de Washington
Los biocombustibles basados en etanol, aceite vegetal y otras fuentes renovables son cada vez más populares en los gobiernos y los grupos ambientalistas como una forma de reducir la dependencia del combustible fósil y las emisiones límites de gas invernadero.
Sin embargo, nuevas investigaciones realizadas por un biólogo en la Universidad de Washington, Bothell, demuestran que algunos de los actuales stocks de biocombustible más populares podrían tener el impacto exactamente opuesto a lo pretendido. Los autores de este documento publicado en el ejemplar de Junio de la revista Conservation Biology ofrecen una serie de recomendaciones de políticas para promover la continuidad y la biodiversidad en la producción de biocombustible.
En el estudio se observaron factores tales como la energía necesaria para producir una fuente de combustible renovable en comparación con cuánta energía se produce, el impacto sobre la fertilidad del suelo y los efectos sobre la oferta alimentaria cuando los combustibles basados en cultivos tales como maíz y soya son mezclados con combustibles fósiles. Basados en esos factores, los autores determinaron que el etanol basado en el maíz es la peor alternativa.
“Es tonto decir que deberíamos estar desarrollando un biocombustible particular cuando eso podría significar que precisamente estamos reemplazando un problema por otro”, dijo la autora guía Martha Groom de UW Bothell. Los coautores son Elizabeth Gray de The Nature Conservancy y Patricia Townsend de UW, Seattle.
Los autores argumentan que se necesitan cálculos precisos para determinar las huellas ecológicas de cultivos a gran escala de diversas cosechas usadas para biocombustibles. Ellos observan, por ejemplo, que esas grandes cantidades de energía se requieren para que el maíz crezca y se convierta en etanol, la ganancia de energía neta del combustible resultante es modesta. El uso de un cultivo como el mijo, forraje común para el ganado, requeriría mucho menos energía para producir combustible, y el uso de algas requeriría incluso menos. El cambio de dirección a biocombustibles basados en mijo o algas requeriría cambios de política importantes, ya que las tecnologías para producir esos combustibles no están totalmente desarrolladas.
Las sugerencias de política de los documentos “no son definitivas en absoluto”, dijo Groom, “sino más bien cada categoría hace una pregunta y es el punto de partida para tratar de encontrar las respuestas adecuadas”.
Estas preocupaciones están siendo más agudas con el rápido aumento de los precios, tanto de los alimentos como del combustible, dijo Groom. El tema es especialmente delicado para los agricultores, quienes podrían estar teniendo por primera vez importantes ganancias con sus cultivos, pero es también una grave preocupación para los motoristas.
“He oído sobre personas que sacaron sus estanques de gas con sifón, y no había oído de ello desde los años 70”, indicó Groom.
Una dificultad, dijo Groom, es que mientras la escalada de precios agrega presión por encontrar fuentes de combustible menos costosas, actuar en forma muy precipitada podría crear muchos otros problemas. Por ejemplo, los agricultores que sólo plantan maíz porque es repentinamente rentable, y no rotan con cultivos tales como la soya, es más probable que agoten mayormente su suelo, lo cual podría limitar el crecimiento del cultivo y promover la erosión del suelo.
También algunas plantas son mejor que otras para absorber dióxido carbónico desde la atmósfera, mientras que otras tal vez necesitan cultivo, lo que requiere más combustible fósil para equipos de granja. Además, la fertilización, el lavado y la cosecha, todos requieren energía.
Cerca de un año duró la realización de este estudio y es una síntesis de una investigación revisada por pares, que fue publicada en varias revistas. Los científicos examinaron la literatura buscando indicadores de biocombustible que tienen más continuidad y portan una huella ecológica menor, luego usaron esa información para derivar las recomendaciones de la política.
Las principales audiencias para el trabajo son los que hacen las políticas, los estudiantes y otros biólogos, señaló Groom. Los principales objetivos son establecer una base lógica para evaluar opciones para el desarrollo del biocombustible y estimular nuevas investigaciones para encontrar las alternativas ecológicamente más promisorias.
“Nosotros no queremos cometer nuevos errores. Si no hacemos las preguntas correctas para empezar, vamos a reemplazar los antiguos problemas por nuevos,” indicó Groom.
| Recomendaciones de Política · Calcular la huella ecológica de un biocombustible. · Promover sólo biocombustibles que puedan ser producidos continuamente. · Seleccionar especies altamente eficientes para biocombustibles. · Trabajar para minimizar el terreno necesario para los biocombustibles. · Estimular el reclamo de áreas degradadas. · Prohibir las áreas de deforestación para más cultivos. · Promover el uso de cultivos de energía que requieran menos fertilizante, pesticida y energía. · Promover especies nativas y perennes. · Prohibir el uso de las especies invasivas. · Promover la rotación de cultivos en terrenos cultivados. · Estimular la conservación del suelo. · Promover sólo biocombustibles que al menos sean neutrales al carbón neto |
Vince Stricherz
vinces@u.washington.edu
206-543-2580
Universidad de Washington
















importante
a mi me parece que a nuestro medio ambiente lo afectan muchas cosas y me parecen que es bueno investigar nuestro medio