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Salmones e in/fusiones

Enviado por fbalcells el 02/04/2006 a las 22:13


Hace un par de semanas, la prensa informaba sobre la fusión entre las principales empresas salmoneras de Noruega y Holanda. Las denominaciones nacionales, sin embargo, parecen estar fuera de lugar; Pan Fish, Fjord y Marine Harvest son empresas globales y ésta última, es el principal productor y exportador de salmón chileno.

Como era previsible, inmediatamente se especuló con la venta de alguna de las principales empresas acuícolas chilenas y no faltaron voceros del mercado que se felicitaran por los importantes flujos de efectivo que podrían generarse. Para otros, en cambio, en esta celebración de la liquidez se huele el fantasma del rentismo y el entierro de los sueños de Chile como potencia acuícola y alimentaria. Entre ambas posiciones y en silencio, es probable que lo que se teje tenga más que ver con alianzas que con absorciones.

En todo caso y antes de decidirnos por la fiesta o por el duelo, esta fusión abre la oportunidad de plantearnos interrogantes que tienen que ver con los sentidos y los problemas de los emprendimientos que tenemos y con las configuraciones de las empresas que queremos en la economía nacional.

¿Cabeza de ratón o cola de salmón?

¿En que afecta a Chile esta fusión? ¿Le es indiferente? ¿Le quita espacios o le abre posibilidades? ¿Amenaza o favorece nuestro desarrollo? ¿Cuál es el sentido de tener empresas nacionales grandes y competitivas? ¿Qué diferencia hace la denominación de origen del capital, desde el punto de vista del desarrollo local?

¿Y a las empresas chilenas que permanecen, como las afecta?
¿Qué hay para ellas en el horizonte? ¿Aun tiene sentido dar la lucha en la competencia global? ¿Con que perspectivas, en qué condiciones? ¿Ante esta mega fusión, que pasará con la brecha tecnológica que hoy nos separa de los europeos? ¿Y con la brecha financiera? ¿O, es este el momento de valorizar los activos, vender y dedicarse a algún proyecto boutique o a las rentas?

¿Deberíamos poner aquí un ojo defensivo, anti monopólico, por ejemplo? ¿O tal vez, este es el momento para que las empresas piensen en grande y construyan sus propias alianzas globales?

¿O será el momento de plantearse un apoyo claro a la industria nacional –respetando, por cierto, la imparcialidad del Estado en relación al origen de las inversiones-? ¿Y si es eso lo que queremos, cuáles son los mecanismos y los incentivos a inventar para el emprendimiento nacional? ¿De qué esta hecha, finalmente, una perspectiva-país propia de los privados, aperturista, justa y proactiva?


Respuestas y afirmaciones tentativas.
Desafíos para la imaginación política y para una cultura nacional del emprendimiento.

Tenemos una economía abierta y valoramos la inversión extranjera. Las empresas europeas han realizado importantes contribuciones al desarrollo de la salmonicultura nacional. Han tenido una participación relevante en el desarrollo del mercado mundial, han invertido en Chile, han creado fuentes de trabajo y han traído tecnología competitiva y estándares laborales y ambientales que han tirado el carro de la modernización de la industria.

Sin embargo, en todos estos ámbitos, tecnológicos, ambientales y laborales, las normas que usan esas empresas en Chile, están por debajo de las que se exigen en sus países de origen y su aplicación aquí es pasiva –cumple la normativa pero no participa activamente en la modernización cultural del país. La investigación y el desarrollo tecnológico, se realizan en Europa y, es allá y no acá, donde toman las decisiones comerciales y financieras fundamentales. Lo que hace innovador y competitivo al mercado del salmón y lo que permite la evolución de las capacidades y las instituciones locales, es la existencia de empresas chilenas arraigadas y fuertes. Del desarrollo de los clusters locales depende que la promesa de generar capacidad innovadora propia llegue algún día a cumplirse en nuestro país.

La economía de las sucursales es distinta de la economía de las matrices.
La única capacidad tecnológica local que se necesita en este esquema es la de los compradores de artículos refaccionados. Hay una gran diferencia entre la modernización mínima que se exige a una representación subordinada y las necesidades de innovación que surgen de una voluntad competitiva propia y sin ataduras. Digámoslo así: las sucursales chilenas de las grandes empresas europeas están en todos los planos, sobre la media en Chile, pero son terminales de poco vuelo en las redes de proyectos y de innovación globales.

Necesitamos empresas cuyo destino se juegue en la capacidad cultural e institucional de los chilenos para insertarse en los mercados mundiales. Necesitamos empresas con arraigo local, con la mayor amplitud de visión, con la mayor variedad de desafíos y con ambiciones globales. Necesitamos que las empresas chilenas sean grandes y que permanezcan y se vinculen fuertemente a sus cadenas. Necesitamos un cierto orgullo nacional en nuestras empresas. Necesitamos, como lo tiene Noruega, un Estado activo y complicitario.

Necesitamos empresas que crezcan encadenándose al crecimiento de sus comunidades; al desarrollo de la educación y de la investigación tecnológica, al crecimiento de los fabricantes locales de redes, jaulas y barcos, a los productores de proteínas vegetales y otros insumos, a las capacidades locales de financiamiento y al cuidado del medio ambiente que sustenta su actividad.

Si lo anterior no se cumple, no veo para qué querríamos empresas chilenas; daría lo mismo el origen si no marcara una diferencia en el desarrollo local (¿actualmente, existe esa diferencia?).

Aun en una realidad de compromiso vacilante, el riesgo es que si las empresas chilenas cambian de bandera, seguirán exportando volumen pero perderán el impulso de la iniciativa y de la capacidad de desarrollo en el mercado mundial. La masa crítica generada por el desarrollo de la industria se volverá menos densa, debilitando los encadenamientos con las pymes del sector, arriesgando las capacidades de empleo, el desarrollo de nuevos productos, la innovación en procesos y la autonomía en la internacionalización de las empresas.

¿O, esta no es más que una visión pesimista y arcaica o peor, una confusión entre las empresas que tenemos y las que queremos?


Fernando Balcells
Santiago, marzo de 2006.

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Enviado por Tomás Peters el 25/04/2006 a las 21:46
Tomás Peters
Sr. Fernando Balcells ¿Cómo puedo contactarme con usted? Estoy organizando un encuentro de sociología del arte y me interesa mucho contactarme con usted. Por favor, ¿se podría comunicar con mi persona? Mi mail: tomaspeters@yahoo.com Varios alumnos de sociología esperan escuchar su experiencia en el CADA.

Enviado por Un lector el 14/04/2006 a las 11:32
Un lector
Dudas: 1) ¿Hay algo en la estructura jurídica de la subsidiaria que la haga contribuir menos al desarrollo y la innovación que la matriz, o hay algo en el entorno como comunidad suficiente dedicada a la investigación, disponibilidad de investigadores con los estudios y el fogueo, etc?´¿No estaría la matriz igual de satisfecha si, para bien de todo el grupo, se investiga en una subsidiaria que tenga ventajas comparativas para la innovación? No se si, por ejemplo, las subsidiarias europeas hacen investigación en USA o si las subsidiarias americanas hacen investigación en Europa. 2) En mi experiencia, las subsidiarias que son grandes para el grupo en el mundo tienden a conmvertirse en el centro de decisiones. El poder suele trasladarse a donde estan los principales activos. 3) ¿Es por la "capacidad institucional y cultural de sus nacionales" que las empresas de ciertos países han sido competitivas y exitosas en el mundo, o si es el éxito de ellas el que ha abierto las puertas a la presencia cultural de sus nacionales en el mundo. Pareciera que la capacidad institucional y cultural del país de orígen no causa sino que resulta de que uno se come el MacDonalds, se toma la coca-cola y ve la película de acción. 4) En síntesis, mi duda es si esto se arregla por decret o bien hay que esperar tener las empresas y entorno local que queremos.

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