Los productores de Copiapó pretenden exportar más de 15 millones de cajas y superar los US$ 110 millones en envíos. Pero la escasez de agua y la instalación de una mina preocupan a un sector que da trabajo a unas 25 mil personas en temporada alta. La semana pasada el primer racimo de uva de mesa, de un total de decenas de millones, fue cortado en un parronal del valle de Copiapó. De la parra al packing y del packing al puerto. Ya va rumbo a que, en unos 20 días, un consumidor de los supermercados Costco o Wal-Mart de California o Massachusetts lo compre.
Tal parece que se viene una muy buena temporada para esta fruta, que en los 80 fue precursora de la apertura económica de Chile. Un invierno sin heladas y bajos stocks en los almacenes de Estados Unidos es una muy buena combinación para vaticinar jugosos retornos e incluso récords de exportaciones."El año pasado nos afectaron varias heladas tardías (temperaturas bajo los cero grados en agosto y septiembre) que dañaron nuestras uvas", cuenta Joseba Zugadi, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores del valle de Copiapó (Apeco).
Esto permitió que las cajas exportadas en toda la temporada (noviembre a abril) "sólo" alcanzaran los 13,9 millones de cajas, un 9% menos que en la temporada anterior (2004-2005)."Este año esperamos recuperar ese millón de cajas que no sacamos el año pasado y, ojalá, podamos superar las 15 millones de unidades", agrega Zugadi. Es una cifra hasta ahora no alcanzada en la Tercera Región.
Las 7.000 hectáreas del valle de Copiapó, más otras mil del valle del Huasco, generan sólo el 15% de la producción total de uva de mesa del país. Sin embargo, como son las primeras en ser exportadas, logran los mejores precios y alcanzan el 35% del total de retornos en dólares.
Para esta temporada se prevé que los retornos estarán también muy buenos. Esto porque en EE.UU., hacia donde se destina el 70% de la uva atacameña, se registró un verano muy caluroso y los stocks de fruta han disminuido significativamente. Frente a eso, es fácil pronosticar un buen precio para los envíos chilenos."En EE.UU. están terminando su temporada con muy poca fruta, por lo que van a pagar muy bien la uva chilena", asume el seremi de Agricultura, Rodrigo Alegría.
Según sus cálculos, las primeras cajas en llegar al mercado norteamericano estarán cotizadas entre 30 y 35 dólares, precios que se mantendrían hasta diciembre. "Es esperable que después los valores disminuyan, llegando a sólo un dígito cuando la temporada termine", señala.
Nubes en el horizonte
Pero no todo son cuentas alegres en el valle de Copiapó. Algunas nubes cubren el cielo y preocupan a los productores. La más negra es la crítica situación del agua. Según estimaciones del Gobierno y de estudios privados, el valle sufre un déficit de 110 millones de metros cúbicos de agua al año y el principal responsable sería el uso nada de racional del recurso hídrico en los parronales y en las mineras.
Sin embargo, y conscientes de que este problema afecta a ambos sectores, agricultores y mineros se sentaron por primera vez juntos a buscar soluciones a una problemática que puede dejar seco a todo el valle."Estamos analizando la dimensión real de esta situación para ver qué medidas vamos a implementar para hacer un uso racional del recurso hídrico", aclara Zugadi.Por lo pronto, estudian la posibilidad de realizar bombardeos a las nubes en época de invierno altiplánico (verano) para aumentar los caudales de los ríos cordilleranos."También consideramos como una necesidad vital que se suspenda indefinidamente la entrega de nuevos derechos de agua", señala el dirigente gremial.
Pero hay situaciones más complicadas."El problema es que muchas empresas mineras compran los derechos de aguas a propietarios en el valle y los usan para sacar esa agua del acuífero", cuenta un ejecutivo del sector, que prefiere no dar su nombre, aludiendo al proyecto de CMP, Hierro Atacama, que construirá un ducto minero entre Copiapó y Caldera para transportar magnetita mezclada con agua.
Precisamente, un proyecto minero es otro de los dolores de cabeza de los productores agrícolas. El yacimiento Regalito, ubicado en la cabecera del valle de Copiapó, provoca rechazo en numerosos agricultores por los riesgos ambientales que supone la explotación cuprífera.
El constante tránsito de camiones con sustancias peligrosas, cómo el ácido sulfúrico, y un uso excesivo de agua en la parte alta del valle, son las principales críticas del sector agrícola."Hace unas semanas volcó en esta carretera un camión con ácido, lo que no sólo puso en riesgo nuestros predios, sino que provocó además el corte de tránsito para todo el resto del valle", recuerda Zugadi.
Estos riesgos provocarían un irremediable daño de imagen para las exportaciones."Si ocurriera un accidente medioambiental, créame que nos demoraríamos varios años en volver a exportar una caja de uva", advierte el empresario agrícola Rafael Prohens.
Otra nube que amenaza a los productores es la escasez de mano de obra. Aunque el valle de Copiapó brinda muy buenas condiciones laborales, certificadas en los mercados internacionales, los trabajadores agrícolas que se desplazaban desde la zona central a la Tercera Región, ya no lo están haciendo."Las condiciones laborales y los salarios han mejorado en la zona central por eso la gente prefiere quedarse cerca de sus hogares. Además, en Copiapó tenemos una cultura minera y los trabajadores no están acostumbrados a trabajar en el campo. Un agricultor de Ovalle o San Felipe es mucho más productivo que un copiapino, porque está acostumbrado a las labores agrícolas", cuenta el seremi.
Por esto los salarios se han incrementado entre un 10% y un 15% en los últimos años en los parronales. Así, un parronero en promedio gana unos 350 mil pesos mensuales en temporada alta y, si es hábil, puede alcanzar los 700 mil pesos. Pero nunca estos salarios se compararán con los pagados por la minería con el precio del cobre por las nubes."Mucha gente local que trabajaba con nosotros ha vuelto a la minería, pues con una camionada de mineral que trabajan en una semana pueden fácilmente superar el millón de pesos", afirma Zugadi.
Así y todo, el negocio de la uva en la Tercera Región sigue siendo muy jugoso. Es un mercado maduro que lleva más de 20 años conquistando los principales mercados internacionales, da trabajo durante todo el año a unas 15 mil personas y en total a 25 mil trabajadores en temporada alta.
Principales productores
Unifrutti (1.200 hectáreas)
Ruta (700 hectáreas)
Frutícola Atacama (700 hectáreas)
Familia Prohens (700 hectáreas)
Mercados
EE.UU. (8 millones de cajas)
México y Brasil (1,1 millón de cajas)
Europa (1 millón de cajas)
Asia Pacífico (850 mil cajas)
Medio Oriente (200 mil cajas)
Amenazas externas.
Los productores del valle de Copiapó no se duermen en los laureles están atentos a la aparición de la competencia de Perú y Brasil."Perú vende directamente a los supermercados británicos y tiene un clima tropical muy bueno para producir uva temprana. Brasil está recién comenzando, pero cuenta con mucha tierra y agua para crecer", analiza Joseba Zugadi.
Dos son las armas atacameñas para competir. Una es el cumplimiento de estrictas certificaciones de calidad internacionales y que están libres de plagas presentes en otros países de la región. Además, las empresas agregan valor. Hay exportadoras que usan envases acrílicos listos para ser puestos en los supermercados de EE.UU.
Según sus cálculos, las primeras cajas en llegar al mercado norteamericano estarán cotizadas entre 30 y 35 dólares, precios que se mantendrían hasta diciembre. "Es esperable que después los valores disminuyan, llegando a sólo un dígito cuando la temporada termine", señala.
Nubes en el horizonte
Pero no todo son cuentas alegres en el valle de Copiapó. Algunas nubes cubren el cielo y preocupan a los productores. La más negra es la crítica situación del agua. Según estimaciones del Gobierno y de estudios privados, el valle sufre un déficit de 110 millones de metros cúbicos de agua al año y el principal responsable sería el uso nada de racional del recurso hídrico en los parronales y en las mineras.
Sin embargo, y conscientes de que este problema afecta a ambos sectores, agricultores y mineros se sentaron por primera vez juntos a buscar soluciones a una problemática que puede dejar seco a todo el valle."Estamos analizando la dimensión real de esta situación para ver qué medidas vamos a implementar para hacer un uso racional del recurso hídrico", aclara Zugadi.Por lo pronto, estudian la posibilidad de realizar bombardeos a las nubes en época de invierno altiplánico (verano) para aumentar los caudales de los ríos cordilleranos."También consideramos como una necesidad vital que se suspenda indefinidamente la entrega de nuevos derechos de agua", señala el dirigente gremial.
Pero hay situaciones más complicadas."El problema es que muchas empresas mineras compran los derechos de aguas a propietarios en el valle y los usan para sacar esa agua del acuífero", cuenta un ejecutivo del sector, que prefiere no dar su nombre, aludiendo al proyecto de CMP, Hierro Atacama, que construirá un ducto minero entre Copiapó y Caldera para transportar magnetita mezclada con agua.
Precisamente, un proyecto minero es otro de los dolores de cabeza de los productores agrícolas. El yacimiento Regalito, ubicado en la cabecera del valle de Copiapó, provoca rechazo en numerosos agricultores por los riesgos ambientales que supone la explotación cuprífera.
El constante tránsito de camiones con sustancias peligrosas, cómo el ácido sulfúrico, y un uso excesivo de agua en la parte alta del valle, son las principales críticas del sector agrícola."Hace unas semanas volcó en esta carretera un camión con ácido, lo que no sólo puso en riesgo nuestros predios, sino que provocó además el corte de tránsito para todo el resto del valle", recuerda Zugadi.
Estos riesgos provocarían un irremediable daño de imagen para las exportaciones."Si ocurriera un accidente medioambiental, créame que nos demoraríamos varios años en volver a exportar una caja de uva", advierte el empresario agrícola Rafael Prohens.
Otra nube que amenaza a los productores es la escasez de mano de obra. Aunque el valle de Copiapó brinda muy buenas condiciones laborales, certificadas en los mercados internacionales, los trabajadores agrícolas que se desplazaban desde la zona central a la Tercera Región, ya no lo están haciendo."Las condiciones laborales y los salarios han mejorado en la zona central por eso la gente prefiere quedarse cerca de sus hogares. Además, en Copiapó tenemos una cultura minera y los trabajadores no están acostumbrados a trabajar en el campo. Un agricultor de Ovalle o San Felipe es mucho más productivo que un copiapino, porque está acostumbrado a las labores agrícolas", cuenta el seremi.
Por esto los salarios se han incrementado entre un 10% y un 15% en los últimos años en los parronales. Así, un parronero en promedio gana unos 350 mil pesos mensuales en temporada alta y, si es hábil, puede alcanzar los 700 mil pesos. Pero nunca estos salarios se compararán con los pagados por la minería con el precio del cobre por las nubes."Mucha gente local que trabajaba con nosotros ha vuelto a la minería, pues con una camionada de mineral que trabajan en una semana pueden fácilmente superar el millón de pesos", afirma Zugadi.
Así y todo, el negocio de la uva en la Tercera Región sigue siendo muy jugoso. Es un mercado maduro que lleva más de 20 años conquistando los principales mercados internacionales, da trabajo durante todo el año a unas 15 mil personas y en total a 25 mil trabajadores en temporada alta.
Principales productores
Unifrutti (1.200 hectáreas)
Ruta (700 hectáreas)
Frutícola Atacama (700 hectáreas)
Familia Prohens (700 hectáreas)
Mercados
EE.UU. (8 millones de cajas)
México y Brasil (1,1 millón de cajas)
Europa (1 millón de cajas)
Asia Pacífico (850 mil cajas)
Medio Oriente (200 mil cajas)
Amenazas externas.
Los productores del valle de Copiapó no se duermen en los laureles están atentos a la aparición de la competencia de Perú y Brasil."Perú vende directamente a los supermercados británicos y tiene un clima tropical muy bueno para producir uva temprana. Brasil está recién comenzando, pero cuenta con mucha tierra y agua para crecer", analiza Joseba Zugadi.
Dos son las armas atacameñas para competir. Una es el cumplimiento de estrictas certificaciones de calidad internacionales y que están libres de plagas presentes en otros países de la región. Además, las empresas agregan valor. Hay exportadoras que usan envases acrílicos listos para ser puestos en los supermercados de EE.UU.















