
Misael Cuevas es oriundo de la provincia de Arauco. Heredó el oficio de apicultor de su padre, un pequeño propietario campesino de Lanalhue. Estudioso autodidacta de las abejas, respetado conocedor de ellas entre sus colegas, trabaja en la organización de los apicultores en redes regionales y nacional, convencido de la necesidad de sumar esfuerzos y escala para capacitarse y modernizarse.
Diego Santa Cruz, después de caminar por casi todo el mundo, se avecindó hace años en Colliguay, en la Región de Aconcagua, donde comenzó su dedicación a la apicultura. Aprovechando el medioambiente limpio del lugar, contribuyó a organizar a muchos de sus vecinos en una sociedad de productores y exportadores apícolas que ha cambiado la vida de muchos pequeños campesinos del lugar. Dice: ha costado cambiar hábitos de trabajo artesanales poco precisos, por procesos rigurosos, basados en mediciones y en la trazabilidad, pero ha valido la pena.
Hace años que ambos trabajan organizando una red nacional de apicultores. Su próximo reto: completar la formalización institucional del Centro Apícola, Corporación que articulará a los productores de miel del País. Cuevas ya opera como Director Ejecutivo del Centro. Como tal, se encuentra empeñado en organizar el Primer Simposio Apícola de Chile para agosto próximo. Participarán productores, investigadores académicos, funcionarios públicos, interesados en general.
Se nos hace patente de inmediato que estamos en presencia de dos amantes de su actividad. Comunican hasta por los poros años de dedicación artesanal y profesional a las abejas, años de formación autodidacta, años de empeño por organizar a los miles de apicultores nacionales.
Dicen casi en una misma voz: la apicultura chilena, que puede convertirse en un gran exportador de productos de alta calidad, está naciendo de un trasfondo de miles de productores pequeños que en su mayor parte utilizan todavía métodos muy rústicos. Pertenecen muchos de ellos a la pequeña economía familiar campesina. Para que el sector se convierta en un significativo aporte a la exportación alimentaria chilena es fundamental que se organice, se agrupe y así aumente su escala de operaciones y pueda modernizar sus procesos.
¿Cuánta miel se exporta desde Chile?
9 millones de dólares en promedio en los últimos años. Estimamos que esto puede cuando menos duplicarse a muy corto plazo. Si lo conseguimos, esto tendrá un gran efecto sobre la pequeña economía que practica esta actividad. Calculamos que hay más o menos 15.000 apicultores en Chile, 80% o más de ellos son muy pequeños. Pocos - un 17% - pueden vivir de esta actividad, la mayor parte son microempresarios con muy poca rentabilidad. De estos hay unos 20 exportadores, que lo hacen vendiendo su producción a empresas de comercialización especializadas. En total hay alrededor de 500.000 colmenas en Chile, distribuidas entre Atacama y Aysén, principalmente en el valle central.
Pero la exportación no es la única medida del valor económico de las abejas. Su utilización como polinizadoras en los huertos y la producción frutícola genera quizás más ingresos que la venta de productos. Seguramente que un estudio que evalúe cuánto aporta la apicultura a la produción frutícola nacional produciría sorpresas. Hay estudios a nivel mundial que estiman que este aporte puede llegar al 20 o más porciento. En cualquier caso es muy relevante. Se paga hoy alrededor de 30 dólares por familia de abejas por polinización, y se pueden hacer tres polinizaciones al año. Muchos miles de familias de abejas se usan en esto.
¿Tiene Chile alguna ventaja especial para la apicultura?
La principal ventaja es lo sano de su medio ambiente. Por ser nosotros una especie de isla medioambientalmente hablando, estamos aislados de muchas de las enfermedades que enfrentan estos insectos en otras partes del mundo. Pero es una ventaja frágil, que durará solamente si la cuidamos y evitamos la introducciónde descuidada de abejas desde el extranjero. En la década de los 90 ya entró a Chile un parásito que se presenta comunmente en estos insectos en el extranjero, afectando fuertemente esta ventaja original. Pura ignorancia y descuido. Por eso es tan importante organizarnos y crear conciencia en el País sobre esto. En cualquier caso nuestro clima mediterránico -con poca humedad- tiende a evitar que prosperen enfermedades que en climas tropicales son un constante azote.
Estos bichitos son muy sensibles al medioambiente en el cual se mueven. La miel que producen es casi una síntesis del polen, el agua y el aire del medio en que se alimentan. Por tener Chile tanta flora endémica única, su miel es muy especial y distintiva. Miel de ulmo, miel de quillay etc., son mieles que el exigente consumidor europeo distingue perfectamente bien. En este momento en Europa estas mieles chilenas son utilizadas para mejorar y enriquecer mieles de otras procedencias. Si logramos organizarnos y aumentar nuestra escala de exportaciones podremos aprovechar bien esta fuente especial de valor.
¿Qué desafíos tiene la apicultura nacional?
Tiene que modernizarse. Ya no es posible una apicultura rústica. Si queremos exportar, necesitamos procesos que posean trazabilidad. Medio ambiente impecablemente limpio en los lugares de crianza de abejas. Para ser exportable, la miel es orgánica o no es. Punto!. Cualquier elemento tóxico o siquiera artificial presente en magnitudes mínimas en el aire, (por ejmplo aire cercano a una carretera) el agua, la tierra, se hace presente en los productos apícolas: miel, propóleo, etc. Lo mismo vale para cualquier producto artificial que se utilice como medicamento. Las abejas son tan sensibles al medio que se las utiliza en muchas partes como mediciones y testigos vivos de la calidad medioamiental. Así que uno de los buenos efectos de la apicultura es que éste promueve el cuidado del medioambiente, de su limpieza, y de nuestra flora autóctona.
Debe aumentarse nuestra investigación científica sobre la abejas. Desde 1844, en que fueron introducidas a Chile para polinizar los primeros huertos en la zona central cercana a Santiago las primeras abejas, (exportaciones de miel se inician en 1873), la apicultura fue hasta la última década una práctica muy artesanal. Su conocimiento se basó en tradiciones autodidactas. Hace menos de diez años que se han creado centros de investigación universitarios al respecto. Hay que aumentar esto.
Terminan diciendo confiados: Nuestra gran meta hoy es el Centro Apícola para organizar a los productores y hacer de Chile un país apícola. De esa manera participaremos activamente en constituirnos en una gran potencia alimentaria mundial.















