Arnaldo Guerra Martínez - Revista del Campo
Un manejo inadecuado de los vacunos hace que pierda la carne calidad y baje de categoría. El resultado es menor precio e incluso poder quedar fuera del mercado de exportación. Por ello el trato ético se convierte en una nueva forma de mirar el negocio.
La vida en el campo es dura y a veces absurda. Hay agricultores que pareciera que quieren más a su caballo que a su negocio, porque tratan a palos a sus vacas.
Esas prácticas tan antiguas como la agricultura, hoy son cuestionadas, porque - independiente del destino que tienen esos animales- darles un buen trato ya no sólo es un problema ético, sino que tiene importantes consecuencias económicas, por pérdidas de precio y categoría a nivel local.
De hecho, en Chile, según estimaciones de la Fundación para la Innovación Agraria, las pérdidas netas anuales por defectos de la carne en el desposte, debido a maltrato, son entre 9 y 18 millones de dólares.
Si a ello se agrega que la cadena de la carne tiene como única alternativa para sobrevivir la exportación, el tema adquiere nueva relevancia. Para los consumidores europeos, nicho de alto interés por los mejores precios, el tema del trato ético al animal puede incluso determinar su decisión de compra, según el médico veterinario e investigador de la Universidad Austral Mario Cáraves.
"El manejo de los animales antes del sacrificio es uno de los puntos críticos en la rentabilidad del negocio de la carne. Hacerlo en forma inadecuada no permite clasificarla para el mercado de exportación, con la consecuente disminución de ingresos para el productor e incrementos en los costos operativos por kilo faenado para las plantas", señala Ignacio Briones, encargado del área pecuaria de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA.
De ahí que el bienestar animal y las buenas prácticas ganaderas se transformen en una nueva forma de mirar el negocio de la carne.
No se trata de mantener al animal en un estado idílico. Sino de manejarlo evitando que sufra o se estrese innecesariamente y, además, con un faenamiento controlado para que ocurra con la mínima violencia posible. En suma, se trata de evitar cualquier tipo de estrés que pueda sufrir el animal.
Un animal que recibe un trato no adecuado presenta contusiones. Al ingresar a la clasificación que establece la Ley de la Carne, esto se refleja en que baja de rango con la consecuente pérdida de valor. Lo anterior puede significar una reducción de entre 18 y 25% en comparación con la categoría V.
A ello hay que agregar que el estrés hace que la carne también pierda calidad y se acorte la vida útil del producto lo que obliga a congelarlo con la consiguiente pérdida de valor comercial.
Un manejo inadecuado de los vacunos hace que pierda la carne calidad y baje de categoría. El resultado es menor precio e incluso poder quedar fuera del mercado de exportación. Por ello el trato ético se convierte en una nueva forma de mirar el negocio.La vida en el campo es dura y a veces absurda. Hay agricultores que pareciera que quieren más a su caballo que a su negocio, porque tratan a palos a sus vacas.
Esas prácticas tan antiguas como la agricultura, hoy son cuestionadas, porque - independiente del destino que tienen esos animales- darles un buen trato ya no sólo es un problema ético, sino que tiene importantes consecuencias económicas, por pérdidas de precio y categoría a nivel local.
De hecho, en Chile, según estimaciones de la Fundación para la Innovación Agraria, las pérdidas netas anuales por defectos de la carne en el desposte, debido a maltrato, son entre 9 y 18 millones de dólares.
Si a ello se agrega que la cadena de la carne tiene como única alternativa para sobrevivir la exportación, el tema adquiere nueva relevancia. Para los consumidores europeos, nicho de alto interés por los mejores precios, el tema del trato ético al animal puede incluso determinar su decisión de compra, según el médico veterinario e investigador de la Universidad Austral Mario Cáraves.
"El manejo de los animales antes del sacrificio es uno de los puntos críticos en la rentabilidad del negocio de la carne. Hacerlo en forma inadecuada no permite clasificarla para el mercado de exportación, con la consecuente disminución de ingresos para el productor e incrementos en los costos operativos por kilo faenado para las plantas", señala Ignacio Briones, encargado del área pecuaria de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA.
De ahí que el bienestar animal y las buenas prácticas ganaderas se transformen en una nueva forma de mirar el negocio de la carne.
No se trata de mantener al animal en un estado idílico. Sino de manejarlo evitando que sufra o se estrese innecesariamente y, además, con un faenamiento controlado para que ocurra con la mínima violencia posible. En suma, se trata de evitar cualquier tipo de estrés que pueda sufrir el animal.
Un animal que recibe un trato no adecuado presenta contusiones. Al ingresar a la clasificación que establece la Ley de la Carne, esto se refleja en que baja de rango con la consecuente pérdida de valor. Lo anterior puede significar una reducción de entre 18 y 25% en comparación con la categoría V.
A ello hay que agregar que el estrés hace que la carne también pierda calidad y se acorte la vida útil del producto lo que obliga a congelarlo con la consiguiente pérdida de valor comercial.
"Lo preocupante es que, si no se corrijen las malas prácticas, ese valor será cada vez más relevante a medida que se incremente la cuota de exportación", señala Rodrigo Allende, jefe de Innovación y Desarrollo del Departamento de Ganadería de Carnes Ñuble.
El cambio que viene
Se vuelve prioritario entonces trabajar en el tema, en todos los niveles.
"Se requiere un aprendizaje desde los productores hasta las plantas faenadoras, sobre todo en el caso del agricultor que quiera subirse al carro de las exportaciones. Debe tomar conciencia y cambiar los manejos que impliquen el uso de picanas con clavos, los gritos y los ladridos y mordidas de los perros y modificar las construcciones deficitarias", señala Julio Montecinos, gerente de Ganadería de Carnes Ñuble.
Para resolver estos problemas hay varios detalles que tomar en cuenta.
Entre ellos, por ejemplo, hay que mantener en buen estado los cercos, los corrales, las mangas, los bretes y cargaderos. En los manejos sanitarios usar productos autorizados y respetar los períodos de resguardo, registrar las vacunaciones y tratamientos, la administración debe ser preferentemente oral y, si son inyectables, se deben usar las zonas anatómicas de menor valor.
Cáraves propone además respetar el comportamiento de los animales y no mezclar diferentes lotes porque eso causa estrés y gasto de energía, ya que están organizados en grupos o manadas, tienen jerarquía social y siguen a un animal guía. El proyecto "Diagnóstico e implementación de estrategias de bienestar animal para incrementar la calidad de la carne", que desarrolla la Fundación para la Innovación Agraria, junto a Faenacar y las universidades Austral, de la Frontera y Católica, terminó el diagnóstico a nivel de plantas, transporte y predios de la cadena agroalimentaria de bovinos y ovinos. De ahí surgirán sistemas certificados de adecuados manejos que integren conceptos de calidad, ética, estrés fisiológico y conducta animal aplicables a productores, transportistas de ganado y operadores de plantas faenadoras.
Habrá que ver si su aplicación se refleja en mejores rendimientos y precios. ?
Impacto económico
En el país la pérdida de categoría por mal manejo es de hasta el 2% de la faena de novillos, lo que puede signifcar $500 millones anuales. Si se pierde el total de la canal las pérdidas van de $252 mil a $278 mil por animal, según un estudio de Ricardo Vidal, académico de la U. Austral de Chile, y Rodrigo Allende.
El congelamiento de la carne también impacta.
"La exportación de carne refrigerada a la UE en 2005 provocó pérdidas para el sector productivo entre $17 mil y $33 mil por animal. Para la industria, las pérdidas son por una mayor faena para satisfacer la cuota ", dice Rodrigo Allende.
Se vuelve prioritario entonces trabajar en el tema, en todos los niveles.
"Se requiere un aprendizaje desde los productores hasta las plantas faenadoras, sobre todo en el caso del agricultor que quiera subirse al carro de las exportaciones. Debe tomar conciencia y cambiar los manejos que impliquen el uso de picanas con clavos, los gritos y los ladridos y mordidas de los perros y modificar las construcciones deficitarias", señala Julio Montecinos, gerente de Ganadería de Carnes Ñuble.
Para resolver estos problemas hay varios detalles que tomar en cuenta.
Entre ellos, por ejemplo, hay que mantener en buen estado los cercos, los corrales, las mangas, los bretes y cargaderos. En los manejos sanitarios usar productos autorizados y respetar los períodos de resguardo, registrar las vacunaciones y tratamientos, la administración debe ser preferentemente oral y, si son inyectables, se deben usar las zonas anatómicas de menor valor.
Cáraves propone además respetar el comportamiento de los animales y no mezclar diferentes lotes porque eso causa estrés y gasto de energía, ya que están organizados en grupos o manadas, tienen jerarquía social y siguen a un animal guía. El proyecto "Diagnóstico e implementación de estrategias de bienestar animal para incrementar la calidad de la carne", que desarrolla la Fundación para la Innovación Agraria, junto a Faenacar y las universidades Austral, de la Frontera y Católica, terminó el diagnóstico a nivel de plantas, transporte y predios de la cadena agroalimentaria de bovinos y ovinos. De ahí surgirán sistemas certificados de adecuados manejos que integren conceptos de calidad, ética, estrés fisiológico y conducta animal aplicables a productores, transportistas de ganado y operadores de plantas faenadoras.
Habrá que ver si su aplicación se refleja en mejores rendimientos y precios. ?
Impacto económico
En el país la pérdida de categoría por mal manejo es de hasta el 2% de la faena de novillos, lo que puede signifcar $500 millones anuales. Si se pierde el total de la canal las pérdidas van de $252 mil a $278 mil por animal, según un estudio de Ricardo Vidal, académico de la U. Austral de Chile, y Rodrigo Allende.
El congelamiento de la carne también impacta.
"La exportación de carne refrigerada a la UE en 2005 provocó pérdidas para el sector productivo entre $17 mil y $33 mil por animal. Para la industria, las pérdidas son por una mayor faena para satisfacer la cuota ", dice Rodrigo Allende.















