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Ser o no ser globales

Enviado por Mario Valdivia el 08/05/2006 a las 22:02
Las discusiones de los últimos días y la información entregada por las autoridades nos llevan a tener la siguiente convicción: el precio del cobre seguirá alto debido a los cambios producidos en los mercados mundiales de materias primas por China e India, que crecen espectacularmente involucrando directamente a un tercio de la población del mundo.

De eso se sigue que el valor del dólar seguirá bajo y el Fisco de Chile acumulará 20.000 millones de dólares líquidos a fines de este año.

Así que, con seguridad se agudizará la discusión sobre las crecientes dificultades de exportar (no cobre) desde Chile debido al elevado valor que alcanza la moneda que circula al interior de nuestras fronteras con respecto a las monedas que circulan en el mundo, y además sobre la inconveniencia de gastar internamente en el País los recursos acumulados por el Fisco.

Pero Chile no es una geografía. No es lo que queda al interior de nuestras fronteras; tampoco un conjunto de personas que compartimos el mismo pasaporte. Chile es un trozo de cultura valorada en el mundo global, que está fructificando en el Sur de América. Consiste en una manera de convivir políticamente, en una manera de trabajar, de organizar el trabajo, y de construir empresas con capacidad para competir en el mundo. Especialmente relevante ha sido lo que hemos conseguido con la producción y exportación de alimentos al mundo. En esta actividad, las empresas, los técnicos y los trabajadores son chilenos; se trata de múltiples realidades competitivas – grandes, medianas, micro – que han surgido en todas las zonas del País, transformándonos profunda y extendidamente. Este mundo ha aprendido con esfuerzo a producir calidad a tiempo, sano, inocuo y trazable – de acuerdo con estándares de primer mundo – para poder llegar a lo más delicado y exigente del globo: los alimentos que se consumen.

Lo que nos ocurre con el cobre expresa con claridad los puntos fuertes y los puntos débiles que tenemos; muestra en lo que hemos conseguido convertirnos y lo que nos falta: somos exportadores, debemos globalizarnos.

La encrucijada que enfrentamos es una desafiante oportunidad – necesaria y posible – para dar un salto significativo en la globalización de Chile. Para llevar a sus mejores empresas a convertirse en redes globales de producción y comercio alimentario. Para permitir que todos sus trabajadores amplíen su capacidad de hacer ofertas relevantes en el mundo global y participen activamente en éste. Para que su ciencia ponga foco y adquiera un tamaño significativo como para constituirse en una voz valorada en el mundo.

Tarea necesaria, si no queremos que nuestro éxito exportador se vuelva en contra nuestra. (No sería primera vez en la historia que una bonanza extrema de exportaciones primarias corrompa a una Nación.) Tarea posible, porque los excedentes que acumulamos la acercan nuestro alcance. Algunas propuestas de utilización de estos recursos que van en la dirección señalada:

    Garantizar inglés fluido a todos nuestros jóvenes.
   
    Instalar banda ancha en todos los rincones de Chile.


    Construir las bases de una biotecnología de primer nivel. Comenzar con becas para una masa crítica de doctorados en   esta disciplina. También: adquirir empresas biotecnológicas internacionales en operaciones.

    Crear un fondo para financiar proyectos de inversión fuera de nuestras fronteras para empresas exportadoras  alimentarias chilenas.
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