Translate

Aclimatándose a las Oportunidades del Cambio Climático

Enviado por Fbalcells el 07/06/2007 a las 9:42
Si, como sugiere la evidencia, el calentamiento global es real y no sólo otro temor ambiental, inevitablemente habrá perdedores, pero también ganadores y -con las políticas correctas- éstos podrían incluir a Sudamérica.

¿Salir sólo con polera en pleno invierno? Eso es lo que, para su sorpresa, estaban haciendo los londinenses en diciembre pasado, mientras las firmas minoristas se quejaban de que el irracional calor estaba demorando a sus clientes en sus compras navideñas.

Los periódicos británicos calificaron el invierno como el más cálido desde que Colón partió a América, mientras que la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos -más cautamente- hablaba del más cálido desde que se iniciaron los registros en la década de 1880. ¿Era este clima inusual otro signo del calentamiento global?

No necesariamente. Por sí misma, una ola de tiempo raro no dice mucho, pero cuando se junta con otras situaciones denominadas extremas, como el aumento de la cantidad e intensidad de los huracanes, forma parte de un creciente conjunto de evidencias que indica que el clima de la Tierra está cambiando.

Un informe publicado en febrero por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, entidad formada por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, concluyó que el “calentamiento del sistema climático es inequívoco”. Por supuesto, la Tierra se ha calentado y luego enfriado nuevamente muchas veces antes, pero esta vez hay una diferencia: el fenómeno parece haber sido producido por el hombre.

Dado que los gases de efecto invernadero -principalmente dióxido de carbono y metano- se acumulan en la atmósfera, están atrapando el calor del sol. Y estos gases son producidos por la actividad humana, a través de la quema de combustibles fósiles y los cambios en el uso del suelo.

Esto no significa que la Tierra se apresure a un desastre. Después de todo, ¿quién puede decir que la temperatura actual es la ideal, y para quién?

De hecho, algunos de los cambios climáticos pronosticados serían beneficiosos. Áreas frías e inhóspitas se volverían más cálidas e Inglaterra, por ejemplo, podría volver a producir sus propios vinos.

Pero hay riesgos importantes. Las olas de calor se volverían más frecuentes y las sequías se extenderían más, mientras que las lluvias más fuertes elevarían la posibilidad de inundaciones, en particular en las áreas costeras afectadas por un aumento de los niveles marinos.

Las masas de tierra del hemisferio norte son -en principio- las más vulnerables, mientras que en el hemisferio sur y, particularmente en la costa oeste de Sudamérica, los océanos tendrán una influencia moderada. No obstante, casi no hay dudas de que, a menos que las emisiones de gases invernadero puedan contenerse, la región se verá afectada.

En Chile, el repliegue de los glaciares es el signo más claro del calentamiento global, dice Jorge Carrasco, jefe del Departamento de Climatología de la Dirección Meteorológica de Chile. Un reciente estudio estimaba que, de 100 glaciares de la III Región, en el norte, a la XII Región, en el extremo sur del país, el 87% se estaba reduciendo a tasas de hasta 50 metros por año.

UN CHILE MÁS CALUROSO Y SECO

Como firmante de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Chile está obligado a presentar informes periódicos sobre sus emisiones de gases invernadero, sus efectos y las medidas que está tomando. Tras presentar su primer informe en el 2001, la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) está preparando una actualización para entregarla el próximo año.

Como primera etapa en este proceso, encargó a un grupo de investigación del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile la elaboración de un estudio del panorama climático para Chile entre el 2070 y el 2100 o, en otras palabras, para un lapso de poco más de 60 años. Y el grupo, encabezado por el profesor Humberto Fuenzalida, llegó a algunas alarmantes conclusiones.

Dependiendo del nivel de emisiones globales de gases invernadero, las temperaturas peak del verano en Santiago podrían acercarse a los sofocantes 40ºC, sugiere el estudio, mientras que las lluvias disminuirían en la mayor parte del país. De hecho, entre la V y VIII Regiones -el corazón agrícola de Chile- el déficit en primavera podría llegar hasta el 75%.

La industria vitivinícola del país, que depende fuertemente del agua generada por la nieve derretida, se vería afectada de manera importante, destaca José Luis Samaniego de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) de Naciones Unidas. “Las viñas tendrían que trasladarse al sur, con todos los costos de inversión que eso implica”, destaca.

Pero hay algunas buenas noticias, dice Fuenzalida. La lluvia en el altiplano del norte de Chile podría aumentar en cerca de un 15%, beneficiando a las minas de cobre del área que requieren agua, al tiempo que un incremento de las precipitaciones cerca de La Serena -por razones que no están claras- sugiere que el temido avance hacia el sur del Desierto de Atacama no ocurriría.

No obstante, y lo más significativo para el futuro económico de Chile, el calentamiento global tendría su principal impacto en las montañas de Los Andes. Del lado argentino, donde el aire caliente desciende después de cruzar la cordillera, eso era predecible, comenta Fuenzalida, pero fue una sorpresa respecto del lado chileno.

La isoterma cero -la altitud sobre la cual la temperatura del aire es inferior a 0ºC- subiría fuertemente y la nieve no se asentaría por mucho tiempo. Además de las crecidas de los ríos en invierno, ello privaría a Chile de un importante almacenamiento de agua para el verano y el otoño.

El impacto sería particularmente notorio en la VII y VIII Regiones, comenta Fuenzalida. Y esa área no sólo es importante para la producción agrícola y la industria forestal, sino que además es donde se emplazan las principales represas hidroeléctricas de Chile.

“Éste es el resultado más preocupante del estudio”, señala Álvaro Sapag, jefe del Departamento de Relaciones Internacionales de la Conama. “Significa que necesitaríamos hacer importantes nuevas inversiones en embalses”, proyecta.

La próxima prioridad de la Conama es actualizar su inventario de 1999 de emisiones de gases invernadero en Chile y, a futuro, quisiera analizar el probable impacto del cambio climático en distintos sectores de la economía chilena, aunque el financiamiento podría ser un problema, admite Sapag. No obstante, distintos ministerios, como el de Agricultura, ya han hecho una considerable cantidad de trabajo, indica.

“Sin embargo, una mayor certeza sobre la naturaleza de los posibles cambios es vital antes de que Chile comience a tomar medidas que tendrán un costo para la sociedad”, advierte Guillermo García, copresidente del Comité de Medio Ambiente de AmCham. “En esta etapa, la prioridad de gasto de Chile debiera apuntar a lograr una mejor comprensión del fenómeno”.

AUMENTADO LA CONCIENCIA

Subrayando la creciente preocupación internacional sobre el calentamiento global, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, designó recientemente a tres delegados especiales para el cambio climático, incluido el ex presidente chileno Ricardo Lagos. Su tarea, dijo, será actuar conjuntamente con los gobiernos y otras partes clave involucradas alrededor del mundo, sobre cómo facilitar el avance hacia un acercamiento multilateral al tema.

El cambio climático también ocupó un lugar importante en la agenda de la reunión latinoamericana del Foro Económico Mundial (FEM), celebrada en Santiago durante abril. En un estudio preparado para la reunión, la Global Risk Network del FEM, que reúne a expertos regionales, de riesgo y de las industrias, lo identificó como uno de los cuatro riesgos clave que enfrenta la región, colocándolo a la par con los desajustes económicos, las amenazas a la estabilidad política y las inequidades sociales.

Algunas empresas representadas en la reunión, incluidas compañías chilenas, no sólo están bien concientes del tema, sino que también están tomando medidas para abordar -y aprovechar- los desafíos. No obstante, hubo consenso en que, a fin de que tales medidas sean totalmente efectivas, debe incrementarse la conciencia pública sobre el calentamiento global y sus consecuencias.

En Latinoamérica, eso no es fácil, porque la región no ha experimentado eventos extremos del nivel del Huracán Katrina -que trajo el tema a la palestra en Estados Unidos- y porque además ella es responsable de una pequeña parte -un estimado del 0,2% en el caso de Chile- de las emisiones globales de gases invernadero. Tal como en Estados Unidos la gente a veces se pregunta qué sentido tiene intentarlo, cuando China está lista para convertirse en el mayor emisor del mundo de gases invernadero, en Latinoamérica, a menudo dudan si las reducciones realmente valen la pena.

O, de hecho, si debiera esperarse que las economías emergentes asuman los costos. Un participante brasileño de la reunión del FEM, por ejemplo, argumentó que, si el mundo quiere conservar la selva del Amazonas, debiera pagar por ello.

Pero, tal como destacaron otros participantes, el cambio climático no es justo en sus efectos. Latinoamérica sufrirá el efecto del calentamiento global, aun cuando tenga sólo una pequeña parte de responsabilidad en el tema.

En el sur de Chile, el hoyo en la capa de ozono demuestra los efectos muy reales de las emisiones de gas, pero el cambio climático solía verse como una causa ambiental “dura”, destaca Jorge Carrasco. Sin embargo, eso está cambiando y la conciencia pública se fomentará durante mayo, cuando Al Gore -ex vicepresidente de Estados Unidos y ahora más conocido por su película ganadora del Oscar, An Inconvenient Truth- visite Santiago.

Como destacó en la reunión del FEM la ministra de Minería de Chile, Karen Poniachik, es necesario que Chile se preocupe de la competitividad de las exportaciones que conducen su economía. Las empresas que se demoren demasiado en materia de estándares ambientales se arriesgan a ser penalizadas por las aseguradoras, los bancos y los inversionistas, advirtió.

OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS

“Los impactos indirectos del cambio climático mundial podrían tener drásticos efectos en la demanda y los patrones de inversión, además de interrumpir las operaciones comerciales y las cadenas de suministro”, estipula el informe de la Global Risk Network del FEM. Pero, añade, también creará oportunidades en áreas en las que Latinoamérica está bien posicionada para convertirse en un líder mundial.

Uno de los más obvios es la venta de bonos de carbono, a través de nuevos proyectos de inversión no dañinos para el clima. En virtud del Protocolo de Kioto de la Convención del Cambio Climático de Naciones Unidas, los países industrializados firmantes acordaron lograr una reducción de al menos un 5% en sus emisiones de gases invernadero para el 2008-2012, pero no necesariamente tienen que hacer esas reducciones ellos mismos y pueden, en cambio, “comprarlas” a empresas de países emergentes.

En el 2003, Hidroeléctrica Guardia Vieja, generadora eléctrica chilena controlada por el local Grupo Matte, se convirtió en una de las primeras empresas del mundo en vender bonos de carbono a cambio de una planta hidroeléctrica de pasada que, cuando los niveles de agua lo permiten, reemplaza a la generación térmica. Otras empresas chilenas -incluida Agrosuper, empresa de agronegocios que capta metano en las instalaciones de crianza de cerdos- han seguido el ejemplo.

Pero, para Sudamérica, quizás la oportunidad única más importante yace en las energías alternativas y, principalmente, en el etanol como sustituto del petróleo. De hecho, hay proyecciones en cuanto a que la región podría surgir como el Golfo Pérsico de los biocombustibles.

Brasil, que produce etanol a partir de caña de azúcar, rivaliza con Estados Unidos -que utiliza maíz- como el mayor productor de etanol del mundo. Y, durante una visita que el presidente George W. Bush hizo en marzo, los dos países acordaron cooperar en materia de investigación y desarrollo en esta área, incluidas las tecnologías basadas en la madera.

Ésa es un área prometedora para Chile, que suscribió un acuerdo de cooperación de biocombustibles con Brasil. Con su industria forestal, Chile potencialmente podría producir y exportar etanol elaborado a partir de chips de madera, actividad que sería altamente atractiva para los inversionistas extranjeros.

Sin embargo, los bosques también tienen que desempeñar otro rol, cometa Larry Linden, director consultor del banco de inversión Goldman Sachs. Cerca de un quinto de las emisiones globales de dióxido de carbono son el resultado de la deforestación, destaca, y desacelerar este proceso es un componente clave de la solución a largo plazo para el calentamiento global.

En virtud del Protocolo de Kioto, los proyectos de conservación -tales como la reserva Karukinka, en la isla de Tierra del Fuego, donada por el Fondo de Caridad de Goldman Sachs a la neoyorquina Wildlife Conservation Society- no son en la actualidad candidatos a vender bonos de carbono. No obstante, con una buena comercialización, es posible encontrar compradores que, sin recibir un beneficio directo, estén preparados para pagar su aporte a la reducción de las emisiones, indica Linden.

Pero ¿está Sudamérica haciendo lo suficiente para aprovechar las oportunidades que ofrece la creciente preocupación sobre el calentamiento global? O ¿se le están adelantando las empresas de otras regiones?

Estados Unidos es ampliamente criticado por su fracaso en el cumplimiento del Protocolo de Kioto. Sin embargo, destaca Linden, las empresas ahí -impulsadas, en parte, por los altos precios del petróleo- están desarrollando rápidamente nuevas tecnologías y atrayendo grandes cantidades de capital para estos proyectos, particularmente de inversionistas de capital de riesgo.

Soluciones efectivas de largo plazo para el cambio climático requerirán del desarrollo y el despliegue de nuevas tecnologías en muchas áreas, concuerda Guillermo García. Y en este contexto, añade, es superlativo que las políticas sean costo-eficientes, tengan base científica y “de preferencia se asienten en un acercamiento conducido por el mercado… para generar soluciones más rápidas, eficientes e innovadoras”.

Pero las nuevas tecnologías también presentan una amenaza para Chile, advierte Eduardo Sanhueza, consultor en Santiago sobre cambio climático. “Los países que desarrollan nuevas tecnologías querrán protegerlas y los exportadores chilenos podrían terminar teniendo que comprarlas”, argumenta.

En otras palabras, el tiempo apremia. Aún es demasiado pronto para saber quién ganará o perderá a raíz del cambio climático, pero no lo es para saber que, de cara a la creciente certeza de que la temperatura de la Tierra está subiendo, los países inteligentes ya debieran estar tomando medidas.

“Las mayores lluvias en el altiplano beneficiarían a las minas de cobre de Chile”. Humberto Fuenzalida, Departamento de Geofísica, Universidad de Chile.

“En Chile, el repliegue de los glaciares es el signo más claro del calentamiento global”. Jorge Carrasco, Departamento de Climatología de la Dirección Meteorológica de Chile.

“Es obvio que Chile necesita estudiar los efectos económicos del cambio climático”. Álvaro Sapag, Departamento de Relaciones Internacionales, CONAMA.

“La gente que invente nuevas tecnologías querrá protegerlas”. Eduardo Sanhueza, Cambio Climático y Desarrollo Consultores.

“Es esencial mejorar la comprensión científica para evaluar mejor los riesgos”. Guillermo García, Comité Medio Ambiente, AmCham.

“Desacelerar la deforestación es un componente clave de la solución a largo plazo para el calentamiento global”. Larry Linden, Goldman Sachs.

Etiquetas:

memoria

Enviado por Noe el 03/11/2009 a las 20:46
Noe

asunto memoria


Comentarios de este artículo en RSS