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Innova Corfo aprueba iniciativa para producir biopesticida a partir de subproductos de la palta

Enviado por Hugo Salinas el 30/01/2009 a las 8:18

Eliana San Martín
INIA

Innova Corfo aprobó la etapa de preinversión de iniciativa presentada por un grupo de productores de palta de la región de Valparaíso que en esta fase realizaran los estudios de mercado y conformación de la sociedad para posteriormente avanzar en la investigación, formulación y producción de un biopesticida a partir de subproductos generados en la industrialización de la palta, que hasta ahora se desechan.

(La Cruz, 28 de  enero de 2009).- Hubo quienes no creyeron y otros que sí creyeron. Contra cualquier dificultad, los que se mantuvieron en la postura sin cuestionamiento tienen la certeza que van por el camino correcto. Son ellos los que hoy integran el consorcio CATA, "Chile Avocado Technological Association", que  lideran cinco empresarios de diferentes provincias de la región de Valparaíso más el INIA como Instituto Tecnológico, que constituye una agencia ejecutora de la demanda científica y tecnológica de la cadena productiva.

Pedro Valenzuela, Miguel Nenadovich, Fernando Santa Cruz, Tonci Tomic y Gregorio Correa y el INIA son los actuales socios del CATA, iniciativa que busca mejorar la productividad, explorar nuevas opciones de uso y generar tecnología exclusiva para la mediana y pequeña agricultura.

Después de dos años Innova Corfo aprobó la fase preinversión de un proyecto que se presentó para desarrollar un biopesticida a partir del aprovechamiento de los subproductos industriales del procesamiento de la palta. La visión de este grupo de productores innovadores surge a partir del entendimiento que en el mercado de la palta, ésta no puede seguir comportándose como un commodity y que debe agregarse valor al rubro.

La etapa de preinversión estará enfocada principalmente a realizar estudios de mercado y conformación de la sociedad. En una segunda etapa vendrán los estudios que permitirán caracterizar, desarrollar, evaluar y formular uno o más biopesticidas extraídos de los desechos industriales de la palta como la cáscara y el cuesco.

INNOVADORES

Miguel Nenadovich del Río, empresario de reconocida trayectoria en el sector salmonicultura y de la ingeniería, motivado por la posibilidad de un negocio nuevo participa hoy en este consorcio. “Le reconozco al INIA su capacidad para investigar y desarrollar, creo que es importante que los empresarios estén juntos con esas instituciones. Si uno no está innovando está condenado a morir”, afirmó.

Hoy, mira atentamente este negocio y analiza la economía de escala y cómo su rentabilidad afectaría el bolsillo del agricultor. “Desarrollar una idea en base al cuesco de la palta y aprovechar lo que no se exporta no es una sandia calada”, afirmó. “En la medida que tenga importancia de negocio e incidencia en el mercado me parece un buen proyecto”. El interés de quienes participamos aquí es aprovechar integralmente la palta, destacó.

Miguel Nenadovich se dedica a la producción de fruta con 65 hectáreas de plantaciones de nueces, 135 de paltos y 50 hectáreas de uva. Sus principales preocupaciones son la calidad del producto y el medio ambiente.  “Para un productor es muy importante controlar eficiente y económicamente las plagas y enfermedades, sobretodo si pensamos que éstas van a seguir apareciendo”. En este sentido, afirmó, el uso de procesos de control biológico es una opción necesaria especialmente por los requerimientos en los productos exportados”.

VALOR AGREGADO

Gregorio Correa Lecaros, presidente de la Asociación de Agricultores de Petorca, es uno de los más entusiastas de esta iniciativa, “tengo mucho optimismo que a través del CATA podremos obtener nuevos subproductos y darle un mayor valor agregado a la producción del paltero”. Nosotros, afirmó, no podemos vivir permanentemente de un producto, tenemos excedentes de producción y hay que buscarle sustitutos. Hemos estado pensando en el biopesticida a partir del cuesco, pero también la cáscara se puede transformar en un abono orgánico.

Destacó la posibilidad de los productores de haber llevado el proceso en esta iniciativa. ”Muchas veces somos comparsas de las instituciones de investigación, en cambio esta idea ha sido dirigida principalmente por los productores. A través del CATA el agricultor está involucrado en la búsqueda de opciones de investigación”. Se formó este grupo porque creemos que los centros de investigación tienen que ir de la mano con los empresarios asociados a un rubro como el nuestro. Como grupo llevamos más de dos años trabajando en el tema. Al comienzo el grupo era más grande y hubo personas que no creyeron y otras que sí lo hicieron y perseveraron”. Nuestra apuesta, recalcó, es que no sea sólo un biopesticida para controlar plagas en palto sino también en otro tipo de cultivos o plantaciones. “Aquí vamos a tener que hacer trabajar a todos los investigadores y registrar una marca. Entiendo que hay que realizar bastantes ensayos, además se debe trabajar el proceso de obtención de patente del ingrediente activo y las empresas de agroquímicos se demoran alrededor de cinco años para demostrar la eficiencia de un producto”.

Este descubrimiento tecnológico así como la propiedad intelectual es compartido entre el INIA y la Universidad Católica de Valparaíso, donde actualmente el experto Gonzalo Buonocore se encuentra realizando el proceso.  La patente tiene que ver con la forma de extracción y la fracción que se extrae.

Gregorio Correa es socio de una empresa distribuidora de insumos agrícolas, tiene amplia trayectoria como gremialista y ha estado muy vinculado en el trabajo con pequeños agricultores.

CONOCIMIENTO

Otro empresario visionario que se sumó a esta iniciativa es Tonci Tomic Jakas, de la Agrícola Persea, y tal como lo dijo “entrar en el mundo de los biopesticidas es inevitable. Hay una tendencia mundial a abandonar los pesticidas de síntesis química por otros más naturales u orgánicos”.

En esta etapa de preinversión se podrá saber cuánto cuesta la producción, la extracción, cuál es la conversión de cuesco a biopesticida. Los agricultores, dijo el empresario, “vamos a tener que ajustarnos a esos costos. En todo caso, no ha de ser mucho porque si uno ve el precio de los productos orgánicos están en valores bastante razonables”.

“El biopesticida hay que desarrollarlo, formularlo y comercializarlo. Hay un componente del cuesco que tiene altas concentraciones y que mata insectos. Los insectos hasta donde se sabe son muy sensibles a este producto, pero no se sabe si son sensibles a hongos y bacterias”.

Durante esta fase se establecerá el tipo de organización legal y administrativa que tendrá el consorcio y se realizarán estudios para explorar mercados para el producto. Veremos, dijo Tomic, “la posibilidad de conseguir socios que se sumen a la actividad y que puedan invertir, comercializar o aportar materia prima. Hay industrias que usan la palta como base para producir el aceite y se han acercado para entregarnos la materia prima porque por ahora es un material de desecho”.

Esta iniciativa, dijo, es la punta del iceberg en materia de desarrollo e innovación. “En este proyecto se puede, además, desarrollar otras líneas. Por ejemplo, derivados del ají (capsicum spp.) del tipo aceites esenciales que también tiene propiedades biocidas al igual que el ajo y el eucalipto. Este último tiene aceites que inhiben la germinación de semilla, transformándose en un biodesmalezador o bioherbicida. Por lo tanto, se abre una gran expectativa en esta línea”.

Tonci Tomic es productor de palta orgánica en la provincia de Petorca y junto con Pedro Valenzuela representan el 30% de la producción orgánica nacional.

El doctor Robinson Vargas, director del Centro Regional de Investigación La Cruz,  afirma que la idea de formar el CATA nace de la demanda de los agricultores de darle valor agregado a la palta o sus derivados y una de las innovaciones que podría tener impacto en la competitividad del rubro palta es lo que se ha planteado como la formulación de un biopesticida.

Sobre esta materia, INIA La Cruz posee estudios previos que permitirán contar en uno o dos años con una fórmula comercial de este tipo de biopesticida.  Entre las múltiples sustancias químicas que se encuentran en el cuesco de la palta existen compuestos tóxicos como furanos, que es la base de la idea de extraerlos para utilizarlos en el control de insectos y ácaros, que atacan a los cultivos como hortalizas, frutales y forestales”. Actualmente INIA La Cruz se encuentra realizando pruebas y evaluaciones para permitir el registro de esta fórmula comercial frente al SAG.

Hoy, afirma el Dr. Vargas, es fundamental crear valor para la sustentabilidad en el rubro de la palta, “economías emergentes como China o India son cada vez más demandantes de alimentos de calidad y nuestro país está en una fase donde la innovación ocupa un lugar prioritario para el desarrollo de la pequeña agricultura”.

INIA