Rolando Martínez
El Mercurio
Científicos chilenos participan en el proyecto CASA para develar la evolución climática en el territorio blanco.
Pese al derretimiento de extensas zonas costeras de la península antártica, los científicos sostenían que al menos las tierras interiores estaban fuera de peligro.
Pero recientes estudios del profesor Eric Steig, de Ciencias de la Tierra y el Espacio de la Universidad de Washington, en Seattle, demuestran que el calentamiento del planeta igual avanza por todo el continente.
A partir de información de los últimos 50 años, el científico concluyó que el territorio cubierto por hielos que se extiende al oeste de la península, conocido como Antártica Occidental, ha experimentado un aumento de 0,1 grados °C por década.
La llamada Antártica Oriental, situada más allá de las montañas transantárticas y que tiene una elevación de unos tres mil metros sobre el nivel del mar (la Occidental está sólo a 1800 metros) se ha mantenido más fría, pero en promedio la temperatura de todo el continente va en alza.
Mediados de siglo
Los hielos de la parte oriental se han mantenido intactos en parte gracias al agujero en la capa de ozono que se manifiesta en los meses primaverales, pero esta irregularidad va camino a cerrarse hacia mediados de este siglo. "Si ello ocurre, toda la Antártica se calentaría a la par que el resto del mundo", concluyó.
Steig, quien realizó extrapolaciones a partir de imágenes satelitales y datos de estaciones en la superficie, sostuvo que tal escenario coincide con la predicción de los modelos como respuesta a los gases de efecto invernadero.
Dado que el registro climático aún es limitado, Steig señala que se necesita más trabajo para determinar qué porcentaje del calentamiento se debe a las variaciones climáticas naturales y cuál obedece a los efectos de la actividad humana.
El glaciólogo del Instituto Antártico Chileno (INACh) e investigador asociado del Centro de Estudios del Cuaternario (CEQUA) Ricardo Jaña destaca que el proyecto CASA, Clima en Antártica y Sudamérica, justamente aporta al conocimiento del fenómeno global al obtener registros de zonas no monitoreadas.
El INACh, Universidad de Magallanes, CEQUA, Instituto del Cambio Climático de la Universidad de Maine y la Universidad Federal de Río Grande do Soul de Brasil unieron fuerzas y con el apoyo de la Fuerza Aérea de Chile, desde hace tres temporadas trabajan en el área.
Jaña admite que es necesario y oportuno hacer un esfuerzo mayor para saber hasta qué punto los modelos que se usan son robustos y si la información que se obtiene de ellos es verídica.
Para eso hay que tener datos en áreas que usualmente se extrapola la información. Datos crudos, tomados por sensores y no estimados por métodos.
A la vez, la información debe complementarse con testigos de hielo que permiten estimar temperatura y composición química de la atmósfera que hubo en el pasado y que generan una serie de datos independientes para ayudar a validar un modelo.
Deshielo
La temperatura en la península antártica ha aumentado 2,5 grados en los últimos 50 años, provocando el derretimiento de áreas costeras.
El Mercurio





















