FAO
Las comunidades que dependen de la pesca en los países en desarrollo son muy vulnerables al cambio climático.
La
industria pesquera y los responsables del sector en cada país necesitan
esforzarse más en comprender los efectos que el cambio climático tendrá
en la pesca a nivel mundial y prepararse para ello, según afirma un
nuevo informe de la FAO publicado hoy.
La última edición del
Estado mundial de la pesca y la acuicultura (SOFIA, por sus siglas en
inglés) que publica el organismo de la ONU, advierte que es necesario
aplicar prácticas pesqueras responsables de forma mucho más
generalizada y se deben ampliar los planes de gestión actuales para
incluir estrategias que hagan frente al cambio climático.
"Aunque
no siempre son aplicadas, las mejores prácticas recogidas en los libros
ofrecen herramientas claras y probadas para aumentar la capacidad de
resistencia de la pesca frente al cambio climático", afirmó Kevern
Cochrane, uno de los autores del SOFIA. "Por tanto, el mensaje a los
pescadores y las autoridades pesqueras es claro: alinéense con las
buenas prácticas existentes, como las recogidas en el Código de
Conducta para la Pesca Responsable de la FAO, y habrán dado un paso
importante para mitigar los efectos del cambio climático".
Sistemas alimentarios y comunidades vulnerables
El
cambio climático ya está modificando la distribución de las especies
marinas y de agua dulce. Las especies de aguas más templadas se están
desplazando hacia los polos y experimentan cambios en la productividad
y el tamaño de su hábitat.
Y el cambio climático está afectando
a la estacionalidad de los procesos biológicos, alterando las redes
alimentarias marinas y de agua dulce, con consecuencias impredecibles
para la producción pesquera.
Para las comunidades que dependen
en gran medida de la pesca, cualquier disminución en la disponibilidad
local de pescado o aumento en la inestabilidad de sus medios de
subsistencia les supondrá graves problemas.
"Muchas pesquerías
están siendo explotadas al límite de su capacidad productiva. Resulta
preocupante analizar los efectos que el cambio climático podría tener
sobre los ecosistemas oceánicos y su supervivencia", afirmó Cochrane.
Son
necesarios esfuerzos urgentes para ayudar a las comunidades que
dependen de la pesca y la acuicultura a fortalecer su capacidad de
resistencia frente al cambio climático, especialmente las más
vulnerables, añadió.
Pesca y emisiones de carbono
La
pesca y la acuicultura contribuyen de forma menor -aunque
significativa- a las emisiones de gases de efecto invernadero durante
las operaciones pesqueras, el transporte, procesado y almacenamiento de
pescado, según explica el informe de la FAO.
Se estima que la
relación entre combustible y emisiones de dióxido de carbono (CO2) para
la pesca de captura es de unos 3 teragramos de CO2 por cada millón de
toneladas de combustible empleado. "Este dato podría mejorarse. Una
buena gestión de las pesquerías puede aumentar sustancialmente el
rendimiento del combustible para el sector", explicó Cochrane. "Un
exceso de capacidad en la pesca -añadió- supone menos peces capturados
por embarcación, es decir, menor rendimiento del combustible, al tiempo
que la competencia por los escasos recursos implica que los pescadores
buscan siempre la forma de aumentar de potencia de los motores,
circunstancia que también reduce la eficiencia del combustible".
El
SOFIA añade que, comparadas con las operaciones pesqueras, las
emisiones por kilogramo de productos acuáticos transportados por el
aire tras su captura son bastante elevadas. El transporte aéreo
intercontinental emite 8,5 kg de CO2 por cada kilogramo de pescado
transportado. Esto supone unas 3,5 veces más que el transporte marino y
más de 90 veces el transporte local de pescado consumido en un radio de
400 km del lugar de captura.
Nuevas estadísticas de producción
La
producción total de la pesca mundial alcanzó un nuevo máximo de 143,6
millones de toneladas en 2006 (92 millones de toneladas de la pesca de
captura, 51.7 millones de la acuicultura). De este total, 110,4
millones de toneladas fueron empleadas para consumo humano, mientras
que las restantes fueron destinadas a usos no alimentarios
(alimentación de ganado, harina de pescado para la acuicultura).
El
aumento de la producción tuvo lugar en el sector de la acuicultura, que
aporta actualmente el 47 por ciento de todo el pescado destinado al
consumo humano. La producción de la pesca de captura se ha estabilizado
y no se espera que aumente por encima de los niveles actuales.
Estado de las poblaciones de peces naturales
El
19 por ciento de las principales poblaciones comerciales de peces
marinos analizadas por la FAO están sobreexplotadas. El informe indica
que un 8 por ciento están agotadas y un 1 por ciento se está
recuperando de este agotamiento.
Alrededor de la mitad (52%) están siendo totalmente explotadas y las capturas están próximas a sus límites sostenibles máximos.
Un 20 por ciento de las poblaciones figura en las categorías de explotación moderada o subexplotación.
Las
zonas con mayor proporción de poblaciones totalmente explotadas son el
Atlántico nororiental, el Océano Índico Occidental y el Pacífico
noroccidental.
El
SOFIA identifica el exceso de capacidad -una combinación de demasiadas
embarcaciones y tecnologías pesqueras sumamente eficaces- como el
problema clave que sufre hoy la pesca.
Según el informe, los
avances a la hora de abordar este asunto han sido lentos y "sólo se ha
progresado de forma limitada en la incorporación a la pesca de un
enfoque preventivo y basado en el ecosistema, eliminando las capturas
incidentales y los descartes, regulando la pesca con redes de arrastre,
gestionando la pesca del tiburón y enfrentándose a la pesca ilegal".
Otras conclusiones clave
El SOFIA pone de relieve la importancia de la pesca y la acuicultura en el mundo en desarrollo.
Se
estima que 43,5 millones de personas están directamente involucradas,
ya sea tiempo parcial o completo, en la pesca de captura y la
acuicultura. La mayoría (86 por ciento) vive en Asia. Otros 4 millones
trabajan para el sector de forma esporádica. Considerando el trabajo en
el procesado de pescado, las industrias de comercialización y servicios
e incluyendo a las familias de personas que están directa o
indirectamente empleadas en la pesca y la acuicultura, más de
quinientos millones de personas en todo el mundo dependen del sector
pesquero.
El pescado proporciona a más de 2 900 millones de
personas al menos el 15 por ciento de la ingesta media per cápita de
proteína animal. Aporta como mínimo un 50 por ciento de la ingesta
total de proteína animal en muchos estados insulares en desarrollo así
como en Bangladesh, Camboya, Gambia, Ghana, Guayana francesa, Guinea
Ecuatorial, Indonesia y Sierra Leona.
Tanto el empleo directo
como el de las industrias relacionadas también son importantes para los
países en desarrollo, cuyos ingresos procedentes de las exportaciones
pesqueras han alcanzado 24 600 millones de dólares EE.UU. anuales.
La
flota pesquera motorizada mundial asciende a cerca de 2,1 millones de
embarcaciones. La inmensa mayoría (90 por ciento) mide menos de 12
metros de eslora. Unas 23 000 son embarcaciones "industriales" de gran
tonelaje. Se desconoce la nacionalidad de miles de ellas. Esta
categoría "desconocida" ha aumentado en los últimos años a pesar de los
esfuerzos para eliminar la pesca ilegal a nivel mundial.
El
SOFIA también incluye capítulos sobre la seguridad en el trabajo de los
pescadores, sistemas de certificación de productos marinos, recursos
genéticos marinos, pesca de camarones, y el uso de peces en su estado
natural como material de repoblación y alimento en la acuicultura.
Debates en la FAO
La
28ª sesión del Comité de Pesca de la FAO (COFI, por sus siglas en
inglés) comienza hoy en la sede de Roma del organismo de la ONU.
Representantes de más de 80 países se reúnen para debatir los asuntos
planteados en el SOFIA y el programa de trabajo para el Departamento de
Pesca y Acuicultura de la FAO.
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