Diario Financiero
Jorge Martínez Busch
Director del Instituto del Pacífico y del Índico
La mayoría de los tratados de libre comercio que Chile ha firmado en los últimos diez años ha sido con las economías del Asia Pacífico, las mismas que hoy batallan para no caer en recesión y que si finalmente ocurre, no sea mayor.
Se quiere evitar los efectos sociales y políticos que esta enfermedad de la economía trae en la velocidad del crecimiento y desarrollo normales a los procesos económicos sanos. Sus gobiernos han sido cuidadosos en evitar medidas proteccionistas que afecten al libre comercio mientras lanzan a los mercados nacionales miles de millones de dólares para sostener las demandas internas.
La lógica es impedir que el intercambio global se detenga o se vea muy afectado cayendo en la fácil tentación populista de establecer medidas que desalienten las importaciones. El planteamiento de Japón de evitar cualquiera declaración en las próximas reuniones internacionales que vaya en la dirección opuesta al libre comercio es una gran ayuda para mantener vivo el volumen de los intercambios, a pesar de las restricciones que impone esta crisis a los consumos internos. Y además es un mentís a quienes sostienen que para salir de la crisis hay que regresar a una mayor intervención del Estado en las decisiones económicas. La respuesta es mantener fluyendo el comercio internacional lo más parecido al que había antes de la crisis.
Realidad ineludible
Sin embargo, para Chile, la geografía, realidad porfiada e ineludible, impone sus límites, debido a las grandes distancias que nos separan de nuestros principales mercados, que son el corazón de estos tratados. Llegar a ellos requiere tiempo y dinero, lo que nos obliga a enviar grandes volúmenes en materias primas que salven el precio de las distancias. Y la mejor forma es por la vía marítima, actividad que es económica en grandes volúmenes y con buenos precios, condición básica para suplir los costos que demanda este transporte. Es cierto que el precio del petróleo ha tenido una notable baja, que los costos de las tripulaciones han variado poco en razón a una oferta abundante, que la demanda del cobre señala una leve tendencia al aumento y que ciertos alimentos como las frutas, mariscos y salmones aún tengan mercados de lujo, pero no se ven señales de que se haya iniciado una recuperación sostenida de la demanda mundial que haga disminuir los efectos del transporte en los precios de estas materias primas. Surge entonces la pregunta ¿en el estudio de estos tratados se incluyeron apreciaciones geopolíticas y océano políticas, cómo las distancias afectan a su diseño? Hasta donde se sabe, no parece que estos estudios estuvieran presentes, ya que de otra manera se habrían planteado cláusulas precautorias ante los casos en que los escenarios que dieron origen a estos tratados sufrieran distorsiones totalmente ajenas a los supuestos iniciales sobre los cuales se plantearon.
Y uno de estos supuestos es que no se detengan los intercambios. Una realidad de esto se encuentra en el hecho que mientras el hemisferio norte sostiene un tráfico marítimo bastante regular a pesar de la disminución de las cargas entre China y Estados Unidos, en un flujo norte-norte, el hemisferio sur ha disminuido los volúmenes de las cargas exportadas y el número de buques que se están utilizando para transportarlas sur-norte.
Aún en plena crisis, el volumen de la demanda en el hemisferio norte es tan grande que a pesar de la caída de los mercados es posible mantener las líneas de transportes marítimos eficientes para que sigan fluyendo intercambios entre estos dos continentes.
No ocurre así en nuestro caso, ya que basta mirar la bahía de Valparaíso para ver siete a ocho buques mercantes de gran tamaño fondeados en espera de cargas. Y aquí se da una constante en la economía marítima que señala que el mejor índice concreto de una crisis económica real, tanto mundial como local, es la disminución del tráfico marítimo. Una cláusula posible sería un mecanismo de consulta especial que ante determinada situación mundial, ambos firmantes acuerden darse facilidades de créditos, estableciendo un fondo de contingencia basado en los valores alcanzados por los intercambios en tiempos normales. La geografía impone sus condiciones.
Destacados del mes
Aprovechando que la crisis financiera global da un descanso de la inflación, el banco central de Filipinas recortó el 5 de marzo la tasa de interés en un cuarto de punto a 4,75%, su menor nivel en 16 años. Esta medida fue tomada para inyectar más dinamismo a la demanda interna.
Las autoridades indias informaron el 12 de marzo que la producción industrial se contrajo 0,5% en enero, tras una baja de 0,6% en diciembre. Esta fue la primera vez que la producción nacional de India se contrae por dos meses consecutivos desde hace 16 años.
El número de trabajadores contratados en Corea del Sur cayó en 142 mil en febrero, su tercer declive mensual consecutivo, a medida que más empresas reducen o cierran sus operaciones, informó el 18 de marzo la Oficina Nacional de Estadísticas.
Para economías que dependen de las exportaciones, como Nueva Zelandia, el colapso de la demanda en mercados como Europa y Estados Unidos está haciendo estragos. El déficit de cuenta corriente se amplió a un récord de US$ 9 mil millones en 2008, informaron las autoridades de aduanas el 26 de marzo.
La economía de Vietnam se expandió en 3,1% en el primer trimestre, su ritmo más lento registrado hasta la fecha, a medida que los inversionistas extranjeros recortan sus planes en la nación asiática, reconocieron las autoridades de Hanoi el 27 de marzo. La cifra fue menos de la mitad que el 7,5% esperado por los analistas económicos.
La propuesta de China para la creación de una moneda de reserva mundial distinta del dólar y que no esté ligada a los altibajos de una economía en particular fueron respaldados por los banqueros centrales de Indonesia, Malasia y Tailandia, en declaraciones separadas realizadas durante fines de marzo. Los funcionarios destacaron que la medida ayudaría a reducir la volatilidad del comercio.
El lunes 30 de marzo la Autoridad Monetaria de Singapur declaró que piensa devaluar la divisa de la ciudad estado 4% frente al dólar, una medida que busca ayudar a los exportadores.
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