Por: Carina Cabo de Donnet (Argentina)
Hoy por hoy, con las características de las sociedades occidentales, la escena alimentaria desaparece, y la comida deja de compartirse material y simbólicamente. Generalmente, se come frente a la heladera o al kiosco cuando se tiene hambre y se “llena” el estómago con algún elemento de ocasión. Ya no se comparte la mesa familiar ya que se ha convertido en un acto fisiológico, más que cultural.
La licenciada Marijó Torres, nutricionista, directiva de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (Aadynd) sostiene que comemos de forma desorganizada, y no respetamos las cuatro comidas.
Los sectores medios se caracterizan por la ambigüedad: por un lado está la exigencia en la calidad de los productos, pero en el apuro cotidiano no nos fijamos si se cumple. La clase media/ alta va al supermercado con la idea de comprar contenido, pero la mayoría de las veces compra envase. “Nos preocupamos, pero no nos ocupamos", sintetiza. Lo que sí se hace es gastar. De acuerdo con las últimas estimaciones del Indec, el gasto promedio de alimentación en los hogares ronda el 35% del total. Es decir que, de un ingreso familiar de 2000 pesos, casi 700 se van en alimentos.
Las conclusiones de investigaciones sostienen que la dieta de la clase media ha acusado recibo de la educación alimentaria de la última década en lo que se refiere a grasas y fibras. Por eso, ha disminuido el consumo de carnes grasas a favor de las magras más caras, como el lomo o el pesceto. Ha aumentado el de pescado, pero, sin embargo, todavía no se consume tanto como correspondería porque no satisface como un bife y tiene un costo elevado. Estos sectores más instruidos también han reducido las harinas y panificados a favor de las verduras y frutas.
Un dato muy interesante es el de los lácteos: se toma menos leche, pero se consumen más lácteos debido a la eclosión de los descremados –especialmente quesos y yogures– y a todo lo rotulado como de "bajo tenor graso". Especialmente en sectores de ingresos altos hay un creciente interés por los alimentos "sanos". Según un informe reciente de la consultora AC Nielsen, el año pasado el consumo de alimentos y bebidas creció 4% promedio en el mundo, pero en la Argentina subió un 7%. Y en ese porcentaje los yogures líquidos, las bebidas de soja y las aguas especiales se llevaron todas las palmas.
Pero la contradicción es una constante; al lado de estas saludables opciones, los datos aportados por Reunida (Cámara de Representantes Unidos de la Industria de Alimentos) muestran la otra cara de la moneda: hamburguesas, salchichas, papas fritas, panchos, golosinas, gaseosas y snacks en general mantienen sus primeros puestos en el consumo. Y la cerveza sigue siendo, según AC Nielsen, una de las bebidas más vendidas en nuestro país.















