Está claro que para enfrentar este reto se requiere fortalecer la investigación aplicada en temas como ingeniería genética y genómica funcional, y es ahí donde el nuevo consorcio tecnológico empresarial de Conicyt pretende hacer la diferencia.
Chile es un competidor importante en el comercio internacional de frutas y su producción de contraestación le permite abastecer los mercados del hemisferio norte cuando no hay competencia de producción local. Se trata de un sector exitoso; sin embargo, uno de los principales problemas que enfrenta es la carencia de variedades frutales propias, lo que nos obliga a depender de proveedores internacionales.
Ronald Bown, de la Asociación de Exportadores de Chile, explica que nuestras exportaciones podrían verse potenciadas si disminuimos las pérdidas de poscosecha, consecuencia de diversos factores asociadas a la distancias de los mercados. "Otra razón que debiera impulsar el cambio es que el desarrollo de nuevas variedades a nivel internacional está siendo hecho de manera que no sólo se paga un royalty por la compra de las plantas, sino además por su producción, llegándose incluso a la formación de clubes cerrados de comercialización, donde los productores y exportadores chilenos no tenemos acceso o es muy restringido, lo que claramente es un peligro para la competitividad de la industria frutícola nacional. Por eso creemos que sin una investigación que permita el desarrollo de nuevas variedades de alta calidad, Chile perderá su posición de líder mundial".
Razón de más entonces para avanzar en el mejoramiento de variedades o nuevas variedades; es por ello que las empresas del sector, viveristas, productores, exportadores y sus respectivas asociaciones gremiales se han asociado con las principales entidades tecnológicas expertas en el área en un consorcio, para desarrollar nuevas variedades utilizando herramientas biotecnológicas e integrando el mejoramiento genético convencional, uso de marcadores genéticos moleculares, ingeniería genética y genómica funcional.
Destaca el carácter sectorial de este consorcio, que explica el que se incluya a todos los actores de la cadena productiva. Desde el punto de vista de los viveristas, Rodrigo Cruzat, gerente de Andes Nursery Association, sostiene que cada uno puede aportar sus particulares visiones, pero más importante aún es que participen quienes comparten una idea común y reconocen en los otros una contribución efectiva. "Esta iniciativa nos permitirá mejorar nuestra capacidad de asociatividad para enfrentar tareas y desafíos que nos son comunes. En la medida en que las distintos eslabones de esta cadena se conozcan en sus capacidades se irán produciendo ajustes y vínculos que debieran provocar nuevas iniciativas conjuntas".
Investigación permanente
Igual de conscientes están los representantes de este sector respecto a que para poner fruta chilena de calidad en las manos de un consumidor europeo, norteamericano o asiático no basta con saber producir, sino que se requiere además de mucha investigación científica detrás. En este sentido, Juan Carlos Sepúlveda, gerente general de la Federación de Productores de Fruta de Chile, advierte que no sería posible afrontar el desafío de nuevas variedades y la poscosecha sin investigación aplicada. "Es por ello que viene realizándose trabajo de este tipo desde hace tiempo con distintas instituciones y universidades, y ahora queremos potenciarla y redirigirla a través del consorcio".
María Inés Vera, directora general de Investigación de la Universidad Andrés Bello, entidad asociada al consorcio, explica que las iniciativas de acercamiento entre las unidades tecnológicas y las empresas permiten hacer una investigación más aplicada y dirigida a producir mejor productos en donde el país tiene ventajas comparativas. "Y al mismo tiempo dan utilidad a la ciencia que desarrollan las universidades".
Según Bown, el esquema de consorcios permite que se produzca un sinergismo entre las metas y objetivos de la industria y las potencialidades científicas que tiene Chile. Y cree que en la medida en que los investigadores reciban la información de qué es prioritario investigar, y realicen trabajos en esa dirección, no sólo gana el sector sino que el país.
En ese sentido, Cruzat sostiene que no se puede desconocer el aporte que han hecho las universidades, agencias de Gobierno y los privados. "La pregunta que debemos hacernos ahora es si esta investigación ha cubierto todas las áreas necesarias y cómo vamos a enfrentar aquellas que han quedado atrás, como la genética vegetal, donde se requiere desarrollar capacidades propias para crear y mejorar variedades frutales que se adapten mejor a nuestras condiciones de climáticas y de comercialización, y satisfagan las exigencias de los consumidores finales".
En cuanto a la posibilidad de trabajar en conjunto con universidades que contempla este nuevo consorcio, agrega que las visiones y capacidades de ambos sectores son complementarias, y se debe potenciar eso. Las universidades históricamente han estado dispuestas a asumir el desarrollo de mediano y largo plazo, y las empresas tienden a buscar resultados inmediatos. Sin embargo, hoy muchos trabajan unidos y la industria incorpora cada vez más la investigación como estrategia competitiva".
Finalmente, el representante de los productores advierte que hay productos bastante avanzados y de aquí a dos o cuatro años debieran tener resultados de investigaciones previas, y más adelante de nuevas variedades de carozo. "A partir de este consorcio esperamos tener productos que nos mantengan como número uno en las exportaciones de fruta a nivel mundial".
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