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Economía Alimentaria (4). Instituciones, Territorio y Desarrollo Rural.

Enviado por fbalcells el 24/06/2006 a las 9:43

Por: Pedro Caldentey Albert.
Las instituciones desempeñan un papel clave en el desarrollo económico. En el planteamiento neoinstitucional de North (1990) puede realizarse un análisis de la economía y su evolución, estudiando directamente la influencia de las instituciones sobre el comportamiento humano sin pasar necesariamente a través de los costos de transacción o teniendo en cuenta además a estos últimos. Su planteamiento de la economía neoinstitucional está construida por una combinación de la teoría del comportamiento humano con una teoría de los costos de transacción (1990).

En las nuevas aproximaciones al desarrollo rural es importante el concepto de territorio desarrollado por economistas y por expertos de otras ciencias sociales (sociólogos, geógrafos). Instituciones y territorios están íntimamente relacionados.

Especialmente interesantes son las aportaciones de la teoría de las convenciones. Rallet y Torre (1995, pag 28), basándose en las teorías citadas, se expresan de la siguiente forma en relación con el territorio:

"El territorio está identificado a un conjunto de reglas, más o menos institucionalizadas, más o menos codificadas, basadas en representaciones colectivas y que inscriben a individuos y organizaciones en un cuadro de acción común. La noción de territorio recibe así un contenido; no es tanto un sistema productivo como un conjunto de instituciones o de convenciones generando relaciones económicas particulares entre las organizaciones o los individuos que forman parte de él. El desarrollo de formas institucionales es así la condición de la existencia o del reforzamiento de un tejido económico local. Las instituciones o convenciones constituyen en particular el cuadro favorable al desarrollo de procesos cognoscitivos entre los agentes. Ellos favorecen el aprendizaje organizacional que implican los distintos tipos de interacciones sobre los cuales reposan los procesos de innovación".




El concepto de territorio.

El tema del espacio en economía ha sido tratado sobre todo por una rama de la teoría económica conocida por el nombre de "teoría de la localización", cuyo antecedente más remoto es la obra del alemán Von Thünen publicada en 1826, sobre la distribución de cultivos alrededor de una ciudad aislada, siendo de destacar las aportaciones de otros autores como Weber, Lösch, Palander, Christaller, etc. Además de estas aportaciones que podemos definir como clásicas hay que hacer referencia a otras aportaciones de otros autores más modernos, posteriores a los años 40 o 50, pudiéndose citar entre otros a Isard, Hoover, Takayama, Judge, Alonso (W.) etc., una gran parte de los cuales aplican métodos de programación matemática..

En estos estudios un elemento importante es el de los costes de transporte que, junto a los costes de producción, son determinantes para la localización de la actividad económica.

Son por otra parte abundantes las aplicaciones de la teoría de la localización a la agricultura y a las industrias agrarias Se trata de estudios basados en espacios continuos o espacios discretos (con localización en un número limitado de puntos geográficos) siendo también, para estos últimos casos, ampliamente aplicada la programación matemática. Los distintos estudios se aplican tanto a problemas de tipo normativo como a problemas de tipo descriptivo o positivo.

Pero el espacio considerado por la mayor parte de los autores de la teoría de la localización es un concepto de carácter eminentemente físico, de manera que la distancia determina la cuantía de los costes de transporte y estos determinan la localización óptima de cultivos e instalaciones de transformación, sin perjuicio de que en muchos casos se considere además la existencia de economías externas. Se trata de un planteamiento que al introducir los costes de transporte mejora notablemente la explicación de fenómenos de localización y de equilibrio espacial pero que en gran número de casos presenta importantes limitaciones para dicha explicación, limitaciones que coinciden con las que presenta el paradigma neoclásico, dentro del cual se encuentra esta teoría.
Desde hace tiempo es cada vez más utilizado el término territorio que difiere sensiblemente del término más tradicional de espacio. El concepto de territorio es un concepto complejo cuyo significado presenta matices diferentes según los distintos autores y según las distintas corrientes económicas más o menos ortodoxas o heterodoxas existentes en la actualidad. El territorio incluye no solamente aspectos físicos sino también aspectos humanos y organizacionales y relaciones fuera mercado.



El concepto de territorio ha sido ampliamente tratado por los economistas agrarios en los últimos años, destacando sobre todo los economistas agrarios franceses, que relacionan el concepto principalmente con la calidad de los productos y con los productos típicos. Estos últimos, junto a otros científicos (geógrafos, biólogos, tecnólogos, antropólogos, etc) utilizan, además, el término terroir , que según Berard y Marchenay (1996) sus primeros testimonios se remontan al siglo XIII y "es en principio sinónimo de espacio de tierra, de territorio, término del cual sería una alteración", pero que en la actualidad tiene una pluralidad de significados pudiendo incorporar la dimensión humana, la dimensión temporal y sus relaciones con el lugar.


Distritos agroindustriales (aglomeraciones, clusters…)

Como es sabido, el tema de los distritos industriales fue enunciado por primera vez por Alfred Marshall al introducir el concepto de economías externas.

El tema no había sido ulteriormente tratado hasta que economistas y sociólogos italianos y anglosajones lo replantean de nuevo a partir de finales de los años setenta pero sobre todo en los años ochenta a raiz de la observación de un fenómeno que se producía en Italia en las regiones del Centro y Nordeste del país en donde en los años setenta existía una serie de núcleos urbanos de tamaño medio de población, en los que se habían desarrollado pequeñas y medianas empresas manufactureras especializadas en una actividad determinada que competían a nivel internacional, aunque en general se trataba de productos distintos a los que producían las grandes empresas transnacionales.

Este fenómeno ha recibido el nombre, introducido por Bagnasco (1977), de la Terza Italia, en referencia a la aparición en los años ochenta de un tercer sistema de producción basado en pequeñas y medianas empresas, localizado en las regiones del centro y del noreste del país.

Uno de los autores que han tratado el tema de una forma más extensa es Giacomo Becattini, profesor de la Universidad de Florencia, que define al distrito industrial como "una entidad socio-territorial caracterizada por la presencia activa de una comunidad de personas y de una población de empresas en un espacio geográfico e histórico dado" (Becattini, 1992)
Siguiendo a Becattini y a otros autores, podemos indicar que los principales rasgos del distrito industrial son los siguientes:

- existe una actividad económica dominante
- existen empresas auxiliares para el suministro de inputs y para prestación de servicios varios
- dominan las pequeñas y medianas empresas
- las empresas están especializadas en una fase, aunque también existe integración vertical
- existen importantes relaciones entre empresas, de tipo vertical, de tipo horizontal o de tipo transversal
- es frecuente la externalización de actividades y servicios
- existe en las empresa y en las personas un sentimiento de "identificación" o de consciencia de formar parte del distrito y de la comunidad que lo constituye.

Se trata de un concepto similar al de "atmósfera industrial", término utilizado por Marshall.

- hay una cierta variedad de situaciones profesionales: trabajo asalariado (a tiempo total o parcial), trabajo a domicilio, trabajadores independientes, jefes de empresa, etc. y movilidad de trabajadores entre situaciones.
- existe competencia entre las empresas pero también solidaridad
- existe interés hacia la adopción de innovaciones e incluso hay un progreso técnico de origen endógeno.

Las características antes indicadas determinan la existencia de economías externas a las empresas pero internas al distrito que favorecen la competitividad de las mismas.

El concepto de distrito industrial ha sido tratado por un cierto número de economistas agrarios italianos sobre todo en los años 90 (Cecchi, Mora e Mori, Fanfani y Montresor, Fanfani; Iacoponi, y otros) que han introducido el término de "distrito agroindustrial", aplicado a la industria agroalimentaria y que en general se considera que debe estar constituido por empresas agrícolas, empresas de transformación y empresas de suministro de inputs localizadas en un determinado territorio, concepto que está en concordancia con las nuevas tendencias que consideran que el sector agrario está integrado en el llamado sistema agroalimentario.

Los casos más analizados en Italia son el del queso Parmigiano-Reggiano que comprende las provincias de Parma, Reggio-Emilia, Modena y parte de las de Bologna y Mantua, el de la producción de embutidos y jamón en la provincia de Modena, relacionado con el anterior a través del consumo del suero de la leche por parte del ganado porcino, el del jamón de Parma, el de la producción avícola de Forlí, el del vino de Chianti.
El tema de los distritos industriales y de los distritos agroindustriales ha sido poco estudiado en España. En un trabajo anterior (Caldentey y Gómez, 1996), tratábamos los distritos agroindustriales al analizar la relación producto-territorio en el caso de productos típicos, con especial referencia a Andalucía y citábamos como localidad que se podía considerar que cumplía todos los requisitos para ser considerada como un verdadero distrito agroindustrial a Jerez de la Frontera, con producción de vinos generosos y brandys, aunque se ha producido el traspaso de muchas empresas antes familiares al control de empresas multinacionales lo cual constituye un peligro que ha sido enunciado por varios autores. También se citaba como casos claros a Estepa y Alcaudete con dulces de Navidad, casos que han sido estudiados por Ruiz Avilés (1996), como aplicación del concepto de desarrollo local, tratándose de una situación en la cual la producción industrial tiene poca relación con la producción agrícola local.

Productos típicos.

En muchos programas de desarrollo rural es frecuente incluir entre sus acciones la potenciación de productos típicos o tradicionales, términos que frecuentemente son denominados productos locales, aunque existen ligeras diferencias semánticas. Es evidente que la promoción de estos productos puede constituir una actividad que colabore al desarrollo de estas comarcas. En muchas de ellas existen productos típicos que son conocidos exclusivamente a nivel local o como máximo a nivel de las localidades próximas; otras veces estos productos tienen una comercialización más o menos desarrollada que hace que sean conocidos en ámbitos más amplios; en otros casos los productos típicos han sido sustituidos por otros productos similares de grandes empresas (Caldentey y Gómez, 2000).

La existencia de un segmento creciente del mercado que demanda productos con características especiales permite que sea interesante la promoción de productos locales que dispongan de estas características. Se supone que estos productos proceden de agricultores y elaboradores de tipo pequeño o mediano, por lo que es necesario que esta promoción se realice de una forma colectiva por los productores interesados con el apoyo de instituciones interesadas en el desarrollo local.

Si el producto tiene unas características diferenciales, se trata de obtener unos precios más elevados que los que rigen en el mercado para productos similares, consiguiendo lo que podemos llamar 'renta de especifidad'. La producción y venta de estos productos puede plantearse como complemento del turismo rural, otra de las acciones básicas del desarrollo rural, pero es posible que esta acción no sea suficiente para obtener unos resultados satisfactorios y sea conveniente que los productos sean comercializados hacia otras regiones y centros de consumo. Para ello habrá que tener en cuenta que vivimos en un mundo en donde la acción simple de producir no es suficiente si no la acompañamos de una acción más o menos intensa de marketing, incluyendo un serio estudio de mercado previo a cualquier proyecto. Incluso podemos alterar los términos en el sentido de que lo importante es el marketing y que la producción viene después. Si bien es cierto que la movilización de grupos de población en alguna acción local es ya en sí misma un objetivo de desarrollo, es claro que a medio plazo cualquier proyecto estará abocado al fracaso sin una buena planificación comercial que empiece por una prospección del mercado.

Se trata de establecer estrategias de distribución, promoción, publicidad, nombres comerciales, logística, presentación de productos, etc. adecuadas a cada caso concreto. Y de decidir si se ofrece exclusivamente el producto con sus sistemas tradicionales de producción y elaboración o si se introducen innovaciones que no representen un cambio radical en el producto o incluso nuevos productos más o menos relacionados con el producto tradicional o con la materia prima.

Como indicábamos antes se trata de una actuación de tipo colectivo en la que se deberán establecer los órganos e instituciones para su gestión. En algunos casos puede interesar la obtención de una denominación u otro signo de calidad pero no hay que obsesionarse con la idea porque en otros casos puede que no sea necesario.
El tema de la promoción de productos típicos y de denominaciones de origen en determinadas comarcas agrarias ha sido tratado por varios autores, sobre todo en comunicaciones de la International Society of New Institutuional Economics (ISNIE), considerándolo como un caso especial de governance.

En algunos casos las denominaciones de origen o los productos típicos representan la base de un distrito industrial.
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