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Los nuevos valles "marca" del vino chileno

Enviado por Editor Chile Potencia Alimentaria el 05/10/2007 a las 14:06
Diario Financiero
En los últimos diez años las principales viñas del país comenzaron una búsqueda de nuevas tierras con el fin de lograr vinos con sello y personalidad, que tengan el reconocimiento internacional y de los mercados. Una necesidad imperiosa para salir del concepto precio-calidad –donde la competencia es feroz-, más con un dólar bajo.

La influencia del mar, el efecto del frío, la dureza de los cerros, se convirtieron en activos para lograr vinos premium, que no sólo tuvieran el respaldo de Chile, sino una denominación de origen asociada a calidad, que lo consumidores del mundo estén dispuestos a pagar.

Leyda, el pionero entre los más jóvenes

Fue en 1997 cuando la viña Leyda se ubicó en ese valle, causando un gran revuelo en la industria, hasta ese entonces concentrada en las planicies centrales. Pero no pasó mucho tiempo para que Leyda se convirtiera en una de las zonas más promisorias, gracias a su cercanía del mar, para la producción de cepas blancas, como el Chardonnay. Aquí se encuentran las viñas Santa Rita, Garcés Silva, Ventolera, Leyda, Casa Marín, Matetic, Undurraga, Montes. Este valle tiene 900 hectáreas plantadas.

Limarí, Elqui y Choapa, clima para nuevas cepas

El valle del limarí se ha vuelto atractivo por sus altas temperaturas durante el día, porque no llueve en el período de la vendimia, por la influencia del Oceáno Pacífico y suelos calcáreos, lo que ha permitido la producción de cepas foráneas, como el Syrah, además de blancos tradicionales. Por este valle han apostado San Pedro con su Viña Tabalí, Concha y Toro con Francisco de Aguirre, y Santa Rita.

El Choapa se diferencia de los otros valles porque en él se unen la Cordillera de la Costa y la de Los Andes. La cepa por excelencia es el Syrah, y a sus tierras ha llegado la viña De Martino, que compra la uva a productores locales. Entre ambos valles suman 1.747 hectáreas plantadas.

El Elqui, valle de tradición pisquera, comparte las mismas características –suelos pobres, influencia del mar-, lo que ha permitido producir cepas como el Sauvignon Blanc. En este valle se encuentran las viñas San Pedro y Falernia. Cuenta con 451 hectáreas plantadas.

Apalta, cuna de reconocidos vinos

Las buenas características de Colchagua alcanzan una mejor expresión en Apalta, consagrado por viñas como Montes, Casa Lapostolle, Santa Rita, Las Niñas y Neyén, entre otras. Sus condiciones geográficas y climáticas -cálido en verano y gran amplitud térmica entre el día y la noche- han hecho de este valle la cuna de reconocidos vinos. Tiene cerca de 500 hectáreas plantadas.

Cachapoal Alto, bajo la cordillera de Los Andes

Empezó a popularizarse a principios del año 2000 por su clima privilegiado, con influencia de la Cordillera de Los Andes.

Aquí se instaló viña Altaïr, el proyecto para vinos ícono de Guillermo Luksic, Casa Lapostolle, Anakena, Chateau Los Boldos, Casas del Toqui, Viñedos Orgánicos Emiliana y Viña Gracia.

Bío-Bío, tierra de blancos

Aunque la comparación puede ser atrevida, este valle se ha convertido en una suerte de lo que son los del norte de Francia o los cercanos al Rhin, en Alemania. No por nada en sus tierras las viñas han buscado el clima frío que necesitan para los blancos y Pinot Noir. Las bajas temperaturas permiten la lenta maduración que necesitan las cepas blancas. Las emblemáticas del valle son el Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir. Aquí están las viñas Gracia, Concha y Toro.
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