La intención de reducir los recursos para la entidad estatal ha sido interpretada como un claro síntoma de las falencias institucionales. Hoy, no basta con revertir tal decisión: el exhorto, una vez más, dice relación con dar mayor espacio a los privados para el desarrollo de esta área en el país.
Indignada reaccionó hace un par de semanas la comunidad científica con el anuncio de reducción de recursos para Conicyt, desde los $90.318 millones de 2007 hasta los $80.278 millones, consignados en el presupuesto 2008; decisión que afectaría principalmente los proyectos del Fondo de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), destinado esencialmente a investigaciones vinculadas al ámbito empresarial y universitario.
Y es que mientras el consenso académico apunta al progreso científico como elemento clave del desarrollo económico, y, teniendo en cuenta que la innovación ha sido insistentemente consignada como un pilar de la administración Bachelet, a todas luces un recorte de fondos en este plano aparecía como una medida difícil de entender.
En definitiva, los reclamos de la elite científica lograron que el Ejecutivo revierta prontamente dicha opción, volviendo al menos al mismo desembolso para dicho ítem que el estipulado en 2007. Así, el gasto fiscal en innovación para el siguiente ejercicio se incrementará en 53% hasta los US$152 millones. No obstante, las serias falencias domésticas en la materia están lejos de superarse.
En efecto, en el último informe de competitividad del World Economic Forum (WEF), nuestro país desciende cinco lugares desde la anterior medición, del 40 al 45, constatando sendos descensos en los ítems Innovación y Disponibilidad Tecnológica. El ranking Doing Business del Banco Mundial también da cuenta de un retroceso en igual magnitud, desde el puesto 28 al 33.
En términos nominales, Chile invierte 0,7% del PIB en Investigación y Desarrollo (I+D), nivel no sólo magro al compararlo con el de naciones desarrolladas, sino que insuficiente respecto al de aquellas con menor ingreso per capita, como China e India. La realidad es más alarmante, si cotejamos con economías innovadoras, como Finlandia y Suecia, que invierten más de seis veces los recursos destinados localmente.
Institucionalidad Precaria
Un elemento común en el diagnóstico de algunos expertos es la debilidad institucional y la excesiva centralización en la administración en las alternativas de innovación; esto, en desmedro de la iniciativa privada.
Para el ex presidente de Conicyt y premio nacional de Ciencias, Eric Goles, “nuestra institucionalidad en ciencia, tecnología e innovación, ha sido y sigue siendo precaria. Eso lo comparte la gran mayoría de los actores”, agregando que “hay una cantidad de fondos distintos que requeriría mucha accountability, lo que hasta ahora no se ha hecho”.
En relación con lo anterior, instancias como el Consejo de Innovación, presidido por Nicolás Eyzaguirre y constituido en mayo de 2006, aún no muestra resultados concretos, situación especialmente delicada si se tiene en cuenta que la ley que regula su funcionamiento aún duerme el sueño de los justos en el Congreso.
Según Goles, “estas comisiones creadas a dedo no representan a entidades específicas, ni a los científicos ni a las universidades. El hecho que no existe aún una ley, que ellos den cuenta a nadie, que no sean responsables de sus decisiones, es un problema muy profundo que debería ser subsanado a corto plazo”.
Estímulos Tributarios
Si bien iniciativas como los créditos tributarios a la inversión en I+D, actualmente en el Parlamento, y la ley Nº20.154 que reduce las tasas impositivas a la incorporación de conocimiento, vigente este año, apuntan en la dirección correcta, las instancias para la iniciativa privada continúan siendo insuficientes.
Según el docente, “cuando las empresas destinan gasto a investigación, estos no son considerados tributariamente como desembolso necesario para generar la renta de ese ejercicio. Por eso, las compañías tienen que esconder esos expendios en otros ítems”.
En definitiva, el pasar del discurso al hecho suele ser un axioma recurrentemente citado para avanzar en el desarrollo económico. Y no es casual que se escuche por estos días. Hoy, se espera que la reducción de 20% real en el gasto fiscal para ciencia y tecnología sea revertido, pero no basta con ello. Es fundamental alejarse de la creciente burocracia para dar la venia a evaluaciones efectivas al desempeño público, teniendo como norte fundamental el impulso del sector privado en esta y tantas otras disciplinas.















