Los investigadores hallaron que si las madres habían tomado 4,5 o más bebidas por semana durante la gestación, la concentración de esperma de sus hijos -medida 20 años después- era un tercio menor que en los hombres que no habían estado expuestos al alcohol en el vientre.
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Estudio danés concluyó que la cantidad de espermatozoides de los que tomaban estas bebidas, era un 30 por ciento menor en comparación con los que no ingerían estos líquidos.