Por Eugenia Muchnik
Directora Ejecutiva de la Fundación para la Innovación Agraria
El sector agroalimentario necesita de los investigadores chilenos una alta dosis de innovación, especialmente cuando la economía de nuestro país está basada en los recursos naturales y lo seguirá estando por muchos años más.
Sin embargo, para que el agro sea aún más competitivo, la noción de que sólo Investigación y Desarrollo (I+D) son generadores exclusivos de nuevos conocimientos, productos y servicios, debe ser cambiada.













El Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur - PROCISUR, creado en 1980, constituye un esfuerzo conjunto de los Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria del Cono Sur: INTA Argentina, INIAF-Bolivia, EMBRAPA-Brasil, INIA-Chile, IPTA-Paraguay e INIA-Uruguay; y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura - IICA.
Los concursos para proyectos de intercambio se enmarcan en los acuerdos de cooperación científica y tecnológica suscritos por CONICYT con sus contrapartes extranjeras.
Una
investigación pionera de la Universidad de La Frontera pretende
evidenciar de manera científica si efectivamente estamos contentos con
nuestra vida según el tipo de alimento que ingerimos. Un proyecto
financiado por FONDECYT que podría confirmar el dicho ¿somos lo que
comemos?.